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miércoles, 9 de mayo de 2012

Las Sefirot



“Diez sefirot de la Nada y 22 letras fundamento”

"Diez sefirot belimah. Su medida es diez y sin embargo el infinito. 
Su fin está enraizado en su principio, como una llama que se junta a  una brasa. 
Conoced, reflexionad y visualizad que el Creador es Uno, sin segundo.
 ¿Qué  podéis contar antes de uno?"

Sepher Yetzirah

Los 32 caminos del Arbol de la Vida hacen referencia a las diez sefirot y los 22 senderos que las unen y que representan a las 22 letras hebreas. Las "diez sefirot de la Nada", pues son conceptos puramente ideales, sin sustancia de ningún tipo. Las 22 letras en cambio son el Fundamento de todo lo creado, pues “formó con ellas todo lo que ha sido y será alguna vez formado”.

La palabra sephiráh, en plural sephirot, deriva de una raíz que significa literalmente “cuenta”, y aparece por primera vez en el Sepher Yetzirah (s. IV ac). En él se definen los diez sefirot como principios del universo y grados de la creación. En el Zohar se hace una distinción entre la sefirá Kether como Cabeza y Fuente de toda Luz y las nueve sefirot restantes, a las que llama los nueve Palacios, y afirma que “…a pesar de ser nueve son solo uno, por ser su única esencia el Pensamiento y por estar únicamente vinculados a él”.

Numeradas de 1 a 10, cada esfera o sefirá representa una “vasija” en la que la Fuente, Kether, vierte un contenido que va desde lo más sutil, en Jokmah, a lo más denso, en Malkut.  La esfera undécima, Daat, no se encuentra en la misma dimensión que las demás, por eso se la conoce como “esfera oculta”o “no esfera”.  

Estas Emanaciones Divinas representan distintos atributos de Dios, cuya manifestación depende del mundo o nivel en que se encuentren :

En el Mundo de Atziluth se manifiestan como los diez Sagrados Nombres de Dios.

En el Mundo de Briáh se manifiestan a través de los 10 Arcángeles.

En el Mundo de Yetziráh cada sefirá se manifiesta a través de una Hueste Angélica.

En el Mundo de Assiáh se manifiestan en los llamados Chakras Mundanos: el Primum Mobile y la Esfera del Zodiáco.

En cada uno de los mundos las esferas tienen un color determinado. Generalmente, y tal y como se muestra en la imagen de la izquierda, los colores son los atribuídos al Mundo de Briah.


Además cada sefirá se corresponde con un Chakra Mundano: planeta, sol o luna, como podemos ver en la imagen derecha. 



Atributos de cada sefirá


Número
Nombre
Significado
Color
Arcángel
Planeta
1
Corona
Blanco
Metatrón
Neptuno
2
Sabiduría
Gris
Ratziel
Urano
3
Inteligencia
Negro
Tzafkiel
Saturno
4
Misericordia
Azul
Tzadkiel
Júpiter.
5
Severidad
Rojo
Jamael
Marte
6
Belleza
Amarillo
Rafael
Sol
7
Victoria
Verde
Haniel
Venus
8
Esplendor
Naranja
Mikael
Mercurio
9
Fundamento
Morado
Gabriel
Luna
10
Reino
4 colores
Eshim
Tierra
11
Conocimiento
(No Esfera)
Lila

Plutón

Al estudiar cada una de las sefirot indicaremos las distintas correspondencias, así como el significado más profundo de la sefirá en particular. 

Los Qlifot

Los Qlifot o Qlippoth en la Cábala son manifestaciones del mal, el cual se desencadena cuando se produce un desequilibrio. Dion Fortune considera que el qlifot es la otra cara de la sefirá, su aspecto negativo, que se manifiesta cuando hay un exceso o defecto de lo que ésta representa. En Los Ejes del Arbol de la Vida vemos como el equilibrio entre una polaridad representada por dos sefirot opuestas puede romperse por un excesivo “peso” en una de ellas, hasta el punto de que la separación consecuente entre ambas es tal que se manifiesta lo diabólico.  El Zohar atribuye la causa primaria del mal al acto de separación. En este acto  de separación lo que estaba unido se volvió dividido, y los límites entre una cosa y otra pueden ser considerados como un caparazón (el significado literal de Qlifot es cáscara). La separación primaria fue la división del Árbol de la Vida en dos pilares: el  Pilar de la Misericordia y el Pilar de la Severidad.  Al comenzar la dualidad en la manifestación se pierde la Unidad original.

Los Qlifot se identifican también con los demonios y lo demoniaco. Un caparazón, un residuo, un cadáver, inspira temor si repentinamente cobra vida, pues no hay vida real en él.

Isaac Luria ve el origen de los Qlifot o “caparazones” en el desequilibrio energético producido en el comienzo de la creación. La Luz del Rayo Relampagueante era tal que solo las tres primeras sefirot pudieron contenerla. Se produjo en el resto de sefirot la llamada shebirá o “ruptura de recipientes”, y las “cáscaras” o “caparazones” de éstas dieron origen a los Qlifot. Luria introduce el concepto de Tikún תּקּוּךּ, literalmente reparación, en la que será el hombre quien coopere para reconstruir la Unidad perdida, otra de cuyas consecuencias es el exilio de la Shekináh, la Presencia Divina, vista como el aspecto femenino de Dios y llamada por ello la “Divina Princesa”. Luria considera que cada ser humano tiene como misión sagrada esta restauración del equilibrio cósmico, entronizando a la Divina Princesa en su puesto, lo que en el hinduismo se expresa en la unión de Shiva y Shakti. 


En la tradición europea la Shekináh aparece como la Princesa cautiva por el dragón. El caballero debe vencer a este dragón, que simboliza nuestra parte menos evolucionada e ignorante, para poder rescatar a la princesa y desposarla.

San Jorge vence al dragón que custodia a la princesa, arquetipo del rescate de la Shekináh

lunes, 30 de abril de 2012

Los Ejes del Arbol de la Vida



"El Árbol de la Vida se extiende desde lo alto y hacia lo bajo y el sol lo ilumina enteramente”
El Zohar

En el simbolismo hindú existen 7 regiones espaciales: los 4 puntos cardinales más el Cénit (punto más alto) y el Nadir (punto más bajo), y como séptima región el Centro, es decir; una cruz tridimensional con un punto central .  El Arbol representaría el Axis Mundi,  presente en casi todas las Tradiciones, y la polaridad Cénit-Nadir equivaldría al espíritu y la materia. El hinduismo lo expresa como Purusha y Prakritti, el Budismo como vacuidad y fenómenos, el taoismo como Cielo y Tierra, dos polos entre los cuales se extiende todo el cosmos.
Este eje básico Arriba (Cielo) Abajo (Tierra) estaría representado en el Arbol de la Vida por las sefirot de Kether y Malkut, unidas por el llamado Sendero de la Flecha en el Pilar Central del Arbol.
En todas las tradiciones se considera este eje Cielo Tierra, y en muchas se representa como un árbol.


Desde el árbol Yggdrasil de la mitología escandinava, hasta el árbol navideño, pasando por el “Arbol de la Iluminación” bajo el que Siddartha se convirtió en Buda, la simbología no se agota con el eje vertical que conecta cenit y nadir. Pues además los árboles celestes o míticos aparecen invertidos. En los Upanishads da cuenta de un árbol cósmico llamado Ashvattha cuyas raíces están en el cielo y cuya copa frota la tierra. 



En el Arbol de la Vida existen los siguientes ejes:

Ejes horizontales
Eje Jokmah-Binah: Polaridad Yin-Yang, Pasado-Futuro, Espacio-Tiempo, Energía-Materia.
Eje Jesed-Gevurah: Polaridad Bien-Mal, Expansión-Restricción.
Eje Netzaj-Hod: Polaridad aspecto emocional-aspecto mental.

Ejes verticales
Eje Kether-Malkut: Cielo-Tierra, Espíritu-Materia.
Eje Tiferet-Yesod: Individualidad-Personalidad, Yo Superior-Ego.

Mandala de Vajrayoguini
El Centro del Arbol corresponde a la sefirá de Tiferet, el “sol de 8 rayos”, por los 8 senderos que confluyen en ella. El simbolismo del Centro es también común a todas las tradiciones. Por ser el punto de equilibrio, el Centro tiende a permanecer estable, equilibrado e inmutable, representando realidades tanto internas como externas, macrocósmicas y microcósmicas a la vez.  El Centro aparece entonces como el punto donde los pares de opuestos son trascendidos y surge la armonía del equilibrio. No en vano Tiferet significa Belleza, y los conceptos de belleza y armonía van estrechamente ligados. Así, y en virtud de su universalidad, el simbolismo del Centro es de vasta profusión y aparece necesariamente en las alegorías iniciáticas de todas las épocas y culturas. Símbolos del Centro son la Rueda –los radios confluyendo en un eje fijo-, el propio Sol, la Rosa, el Laberinto y, por supuesto, el Corazón. Y en muy diversas corrientes espirituales se halla reflejado este axioma:

Si encuentras tu centro, encuentras el Centro

¿A qué si no se refería Jesús cuando decía que no buscáramos el Reino de los Cielos aquí o allí, “porque el Reino de los Cielos está dentro de vosotros”. 

Necesidad de las polaridades

El mundo emanado de la sefirá Kether principia con una dualidad básica: Yin (Binah) y Yang (Jokmah), constituyendo un eje de polaridad de importancia fundamental pues manifiesta el género en todo lo creado, no únicamente en los seres vivos. Dios Padre (Jokmáh) y Dios Madre (Bináh) están más allá del Bien y del Mal, la siguiente polaridad del Arbol: las sefirot de Jesed como “bien” y Gevurah como “mal”. La identificación de estos principios opuestos con Dios y Diablo es frecuente en no pocas tradiciones y adolece de un maniqueísmo que ignora la Unidad como principio fundamental de la divinidad. El mismo Jung había hablado, en “Psicología y religión”, de la actualidad del gnóstico Carpócrates, que sostenía que “bien y mal son solamente opiniones,  no son más que aspectos éticos de estas antítesis naturales”. Para conciliar estos opuestos y restaurar la Unidad original Jung y Herman Hesse introducen a Abraxas como un dios que une simbólicamente lo divino con lo demoníaco, lo bueno con lo malo, la vida con la muerte. Pero ya el monoteísmo judaico e islámico presentaba como declaración de fe que Dios es Uno.

La polaridad manifestada en cada eje es necesaria para que exista cualquier manifestación fenoménica, comenzando por la vida, que requiere macho y hembra. En “El Kybalión” hermético se representa como la Ley de Polaridad: “Todo en la Creación es dual, todo tiene dos polos, todo tiene su par opuesto”. Los opuestos no son sino la cara y la cruz de una misma moneda, y la diferencia entre ambos es solo de grado.

El movimiento de ascenso en el eje vertical Cielo-Tierra vendría representado por kundalini Shakti subiendo por el canal central Sushuma hasta alcanzar el “Loto de los Mil Pétalos”, para fundirse con Shiva. Mientras que el movimiento de descenso sería llevar el Cielo a la Tierra, o Kether a Malkuth, como todas las utopías sacras y profanas han anhelado para un futuro, quizás recordando una antigua Edad de Oro perdida.

En el Arbol de la Vida la sefirá de Malkut es la morada de la Shekináh, la Presencia Divina de Dios en su aspecto femenino. El paralelismo incluso lingüístico con la Shakti hindú es evidente. La Shekináh, también conocida como “La Divina Princesa”, sufre el exilio en la materia, y duerme esperando ser rescatada igual que kundalini duerme enrollada en el chakra Muladhara.

En el eje horizontal Bien-Mal el movimiento entre ambos polos requiere un Centro en el cual pivotar y que sirva como punto de referencia. La imagen de un balancín es aquí adecuada, y una excesiva inclinación hacia un extremo se traduciría en una pérdida de equilibrio. Y del mismo modo que en matemáticas nos enseñan que + x + = - , resulta que un exceso de bueno es malo. Y no por bueno, sino por exceso.

En el Arbol de la Vida el “balancín” entre las sefirot de Jesed o Misericordia y Gevurah o Rigor es el sendero VIII “La Justicia”. Y esta Justicia es Divina pues se rige por las Leyes Universales, las 7 Leyes recogidas en “El Kybalión”. El centro sobre el que pivota este eje es naturalmente Tiferet, y el pie del balancín es el sendero XIV “La Templanza”, cuyo nombre ya sugiere el evitar los extremos.


La necesidad de polaridades para que exista manifestación fenoménica se encuentra también en el hinduísmo. El Pralaya o "Noche Cósmica" es el tiempo fuera del tiempo en que existe un perfecto equilibrio, y por tanto, ninguna manifestación, porque ésta requiere siempre de dos fuerzas opuestas. El crecimiento y la evolución se producen por la dinámica de estas fuerzas opuestas, que funciona siempre siguiendo como vimos la Ley del Pendulo o Ley de Polaridad. Cuando hay una inclinación excesiva hacia un polo, en el Arbol de la Vida una sefirá de un eje determinado, se producirá un desequilibrio que liberará el aspecto negativo de esa sefirá. A este aspecto negativo Dion Fortune lo denomina Qlifot o Qliphoth. Los qlifot son los lados sombríos de los sefirot y manifiestan estados de caos y desorden. Más adelante se estudiarán, pues representan en la Cábala aquello que conocemos como "mal".


martes, 24 de abril de 2012

El Arbol de la Vida como representación del hombre

 “Lo que está arriba es igual a lo que está abajo”.
El Zohar

La llamada Ley de Correspondencia enuncia lo mismo: “Cómo es arriba es abajo”. El Arbol de la Vida representa no solo todo el universo en general, sino también al hombre en particular.  Es Adán Kadmon, el hombre primordial, creado por Dios a su imagen y semejanza. 

Algunos autores diferencian las posiciones izquierda y derecha del Arbol según éste represente al Macrocosmos, es la forma en que lo vemos habitualmente, o al Microcosmos, es decir, al hombre. En este caso invierte las columnas, de forma que la izquierda es la derecha y contiene sus sefirot, y viceversa en la columna derecha.  

Pero esta diferenciación es superflua y contradice la citada ley. No hay diferencia entre Macrocosmos y Microcosmos. Y debemos ver a este hombre reflejado en el Arbol como mirándose en un espejo, de modo que la columna derecha representa la parte derecha de su cuerpo, y la izquierda la parte izquierda de éste. 
También confirma este enfoque el episodio de la zarza ardiente, donde  podemos ver como el hombre es esa imagen especular de Dios. Moisés pregunta a Dios quién es:

Moisés     מּשּהּ  con guematria de 345.
Dios     אּהּיּהּ שּׂרּ אּהּיּהּ   “Yo Soy el que Soy”  con guematria 543

El valor de Moisés, 345 es la transposición del valor de Dios, 543. Es, pues su imagen especular.


 Correspondencia con las sefirot

Kéther:  No se corresponde con una parte del cuerpo, sino que está fuera de éste, a modo de “Corona” de Adan Kadmon. El chakra Corona.

Jokmáh:  Hemisferio cerebral derecho. Ojo y oído derechos.

Bináh:      Hemisferio cerebral izquierdo. Ojo y oído izquierdos.

Jesed:      El brazo y mano derechos. El costado derecho. El hígado.

Gevuráh: El brazo y mano izquierdos. El costado izquierdo. El bazo y el páncreas.

Tiferet:     El corazón. El estómago. El pecho.

Netzaj:     Cadera derecha. Rodilla derecha. Pierna derecha.

Hod:         Cadera izquierda. Rodilla izquierda. Pierna izquierda.

Yesod:     Organos sexuales.

Malkut:  Pies. Ano. 

 Correspondencia con el sistema de chakras


También, y como antes apuntaba, existe una correspondencia entre los 7 chakras y los 10 sefirot, que es la siguiente:
Como puede verse hay chakras que se corresponden a una única sefirá, y chakras representados por dos sefirot.

Si las sefirot se encuentran en la columna central, las correspondencias son únicas: Malkut con Muladhara, Yesod con Swadhistana, Anahata con Tiferet y Sahasrara con Kether.

Si las sefirot están en columnas laterales la correspondencia es doble: Hod y Netzaj con Manipura, Jesed y Gevuráh con Vishuddha y Jokmáh y Binah con Ajna.

La sefirá Daat, al no ser una esfera como las demás, no se cuenta como tal. Sin embargo, para algunos autores si ha de corresponderse a un chakra este sería Vishuddha.



También existe un paralelismo con los 3 nadis principales del cuerpo sutil:

Ida:  aspecto femenino, columna izquierda.

Pingala: aspecto masculino, columna derecha

Sushuma: canal central por el que asciende
kundalini: columna central.

Los nadis se cruzan en cada chakra, y como veremos más adelante existe una correspondencia entre los chakras y los sefirot.


  1. El canal central, Sushuma, en el Arbol de la Vida se corresponde con el Pilar Central y el llamado “Sendero de la Flecha”, que asciende directo desde Malkut a Kether, pasando por Yesod, Tiferet y Daat.  Es el Sendero del que hablan los iniciados de todas las tradiciones.



ESQUEMA DE CORRESPONDENCIAS DEL ARBOL DE LA VIDA