domingo, 12 de abril de 2015

El Sendero de El Mundo

“Quiso la tav mantener el puesto que se le había asignado desde un principio en la base del Pilar del Equilibrio, uniendo las esferas de Yesod y Malkut; así recordaría a todos los seres de la creación que tienen una misión sagrada, el tikún (תקון) que, cuando se cumpla, reconstruirá la Unidad en el Fin de los Tiempos, que es la Vida Eterna en el Aquí y Ahora. Es una misión para la cual es necesario vivir el mundo material, el plano físico. Aunque esta letra ocupa el último lugar entre sus hermanas, eligió el Arcano XXI, El Mundo, para sociarse con él, pues representa el principio del aprendizaje para reencontrar nuestra condición divina, mediante el dolor y los esfuerzos necesarios para cumplir la misión. Ello supuso ceder a la shin, como ya hemos visto, el puesto de honor en el Arbol de la Vida.”
Séfer Ha Neshamá (Jaime Villarrubia, Carmen Haut, Dulce Mª Millera)


La letra hebrea que corresponde al sendero es la letra Tav, ת cuyos significados simbólicos son “materia”, “cruz”, “misión a realizar”. El Sefer Yetziráh dice de ella: “El hizo a la letra tav reinar sobre la Gracia, y la ciñó una corona y combinó una con otra y con ellas formó a Júpiter en el Universo, el Sabbath en el año y la boca en el Alma masculina y femenina”.
Llegamos al último de los Senderos, dónde el Rayo Relampagueante toma tierra. De la Unidad en Kether a la multiplicidad del mundo de Malkut. El Mundo de la Acción, el nivel físico, la materia ya constituida que, sin embargo, sigue conteniendo en su interior la impronta de la divinidad. También conocida como la cruz de los dolores, nos remite al alma encarnada en un cuerpo de dolor, con todas las limitaciones que eso conlleva. Sin embargo, encarnar es el medio para realizar el tikún, la misión sagrada cuyo propósito es reparar el desequilibrio cósmico que ha causado el exilio de la Shekinah, la Divinidad en su aspecto femenino, reconstruyendo así la Unidad perdida.



El Arcano XXI nos muestra un personaje femenino danzando rodeado de una corona de laurel que se asemeja a una mandorla. El laurel simboliza el éxito, y la imagen nos recuerda poderosamente a la danza de Shiva, la danza cósmica que Shiva Nataraja ejecuta rodeado de un círculo de fuego y que origina el Pralaya, la disolución del universo creado y el comienzo de la Noche de Brahma. La mano derecha con la palma hacia delante (Abhaya Mudra) es un gesto que nos dice “no temas”, pues solo es una ilusión (Maya), un juego (Lila), el Juego de Brahman. Y es que “la vida es un tango y hay que saberlo bailar”. La mujer está desnuda y solo un ligero chal cubre su sexo. Sujeta un pequeño frasco en la mano derecha, el principio receptivo, y una vara en la izquierda, el principio activo, indicando que ha conseguido integrar dentro de sí las dos polaridades, masculina y femenina, Animus y Anima. La mandorla tiene los tres colores básicos y está rodeada por cuatro figuras que indudablemente simbolizan los cuatro elementos y que nos resultan muy familiares por verlas en las pechinas de las bóvedas de las iglesias representando a los cuatro evangelistas. Pero también representan los cuatro signos fijos del zodiáco, y es importante reseñar que las dos superiores sobrepasan el marco del naipe. Unicamente el Sendero II, La Sacerdotisa, sobrepasa con su tiara el marco. Ambos senderos pertenecen al Sendero de La Flecha, y tocan las dos sefirot en el eje polar cielo-tierra: Kether y Malkut. De las cuatro figuras, el toro o buey no lleva aureola, indicando quizá que su naturaleza animal es aún predominante y por ello se le destina al trabajo duro o al sacrificio. El león en cambio si porta aureola, como signo de que ha conseguido sublimar su naturaleza animal. En la parte superior el ángel representa la santidad, mientras que el águila es la imagen de la mente elevada a las alturas del Espíritu. La figura podría representar el Anima Mundi, el espíritu divino que subyace en toda la naturaleza. La Shakti. La Shekinah.

El Sendero XXI comunica el plano material y el plano astral, los niveles respectivos de Assiah y Yetzirah. Es por ello el de más sensibilidad al dolor, tanto físico como emocional. Sin embargo la presión misma del dolor y la frustración tiene la capacidad de conectarnos a nuestra fuente interna, la chispa divina que hay en nosotros, pues nos obliga a rendirnos. Y cuando el ego se rinde, el Ser se manifiesta. Muchas son las personas que han despertado a su verdadera naturaleza tras un duro golpe de la vida que ha quebrado su resistencia. Aquí toman pleno sentido las palabras del Maestro: “No resistáis al mal”. Pues al resistir mentalmente una circunstancia desagradable le estamos dando un poder que se volverá contra nosotros, mientras que solo aceptándola estamos en condiciones de transcenderla.

Resultado de imagen de avalokitesvaraLa gran sensibilidad de este sendero se traduce en empatía con los demás, empatía que desemboca en compasión por el sufrimiento del mundo, de ahí el nombre que le dan los cabalistas de la Cruz de los Dolores.  La compasión alcanza su máxima expresión en los bodhisattvas, budas iuminados que encarnan de nuevo para ayudar a la iluminación de todos los seres humanos, y cuyo máximo exponente es Avalokitesvara, el llamado Buda de la Compasión.  Avalokitesvara hizo el voto de no alcanzar la Iluminación hasta que todos los   los seres conscientes fueran liberados de los sufrimientos de los distintos reinos del samsara.

Al contrario que otras tradiciones como el gnosticismo, cuya visión visión dualista separa la materia del espíritu, afirmando que el mundo físico es obra del Demiurgo, opuesto a Dios, y por ello condenable, la Cábala considera que todos los planos de manifestación contienen en sí lo divino. Esta visión integradora se expresa a la perfección en las palabras de Sri Aurobindo: “Una vida divina en un mundo material implica necesariamente una unión de los dos extremos de la existencia, la cumbre espiritual y la base material. El alma con la base de su vida establecida en la Materia asciende hasta las alturas del Espíritu pero no expulsa su base, sino que une las alturas y las profundidades”.

Este sendero es el de la realización en el mundo. El significado profundo de realizarse sería: el que está satisfecho con su propia obra. Y la obra no tiene por qué ser algo externo o material. El éxito no está en lo material, sino en ser tú mismo, y a partir de tu verdad desplegar tu potencial y disfrutar de ello al máximo. El resultado de este desarrollo sería la Eudemonía (εὐδαιmon) o "plenitud de ser".

TIPO DE SENDERO: De comunicación con el Ser Físico.

DIRECCION DEL SENDERO: Doble dirección, de Malkut a Yesod y viceversa, comunidando las experiencias sensibles obtenidas en el plano material al plano astral de la personalidad, y las experiencias emocionales al plano físico. Un ejemplo muy gráfico de esto último sería el temblor de piernas ante una situación que dispara nuestro miedo.

SIGNIFICADOS: La huella que dejamos en el mundo. Los pies y los zapatos, la capacidad empática, “ponerse en los zapatos de otro”. La escucha profunda que nos lleva a comprendernos a nosotros mismos y a los demás. El éxito. La realización material. La capacidad de aprender del dolor y transcenderlo. Ser uno mismo.

CORRESPONDENCIAS EN EL SER HUMANO: Los piés, el recto, el ano. La excreción. El parto.

 PROBLEMAS SI ESTA BLOQUEADO: Dificultad para ser uno mismo por sometimiento a roles o convenciones, sobre todo de origen familiar. Identificarse con el sufrimiento, “la vida es un valle de lágrimas”, y adoptar el rol de víctima o pobre de mí. Persona muy materialista, que solo valora lo que puede ver y tocar, o por el contrario persona que no tiene los piés en el suelo, la “toma de tierra”, y anda en las nubes. Dejarse pisar por otros o pisar a otros para ascender.

PROBLEMAS DE SALUD: Estreñimiento y colon irritable. Problemas en los piés (típicos en mujeres que han llevado zapatos no diseñados para caminar sino para gustar). Trastornos menstruales. Partos difíciles y con complicaciones. Hemorroides.


Ser tú mismo

Sinceridad. Honestidad. Autenticidad. Ingredientes necesarios para algo tan sencillo y tan difícil a la vez. ¿Y cúal es la dificultad? Que no nos aceptamos a nosotros mismos. La aceptación es la base, y, como dice Sergi Torres:

Toneladas de paz fluyen 
cuando un ser humano se acepta a sí mismo completamente”.

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