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viernes, 17 de enero de 2014

El Vacio y lo Inmanifestado



“Alcanza la total vacuidad para conservar la paz.
De la aparición bulliciosa de todas las cosas, contempla su retorno.
Todos los seres crecen agitadamente, pero luego, cada uno vuelve a su raíz”.
Tao te King

La física se limita a decirnos que la  estructura  atómica de la materia se conforma de 99, 9999% de vacío. Haramein argumenta que ese vacío está lleno de energía de una densidad infinita. Prosigue Haramein: “siendo la esfera la forma de mayor volumen y el tetraedro el volumen más pequeño, o de mayor contracción, si colocamos cada una de esas pirámides en una esfera llegamos a la forma geométrica llamada La Flor de la Vida , forma que aparece en todos los libros de sabiduría antigua”.



Este mismo símbolo aparece también en la tradición  hebraica: el doble tetraedro es, en plano, la Estrella de David (Magén David), y como volumen es la merkabah, que en las enseñanzas esotéricas modernas se define como un vehículo interdimensional bajo forma isométrica compuesto por dos tetraedros de energía con un centro común y colocados en sentido inverso, es decir, un tetraedro apunta hacia arriba y el otro hacia abajo.

El doble tetraedro se encuentra también en otras tradiciones, como la hinduista. Es el llamado Saraswati yantra.

Es importante señalar que, numéricamente, el número cero representa a esta “nada”, y que este número es de origen indio. El término “cero”, al igual que el término “cifra”, deriva etimológicamente del árabe “sifr” (que significa ‘vacío’), y éste es la traducción del nombre original para el cero: el sánscrito “sunya” (literalmente ‘vacío’). El cero es, pues, el vacío matemático.


Las similitudes entre Cábala y sistemas indos como el Yoga o el Vedanta Advaita hacen pensar en un posible trasvase de conocimientos de oriente a occidente. El gran gñani advaiti Nisargadatta Maharaj habla de la unidad esencial de lo inmanifestado y lo manifestado. El Noumeno es el substrato original, un estado de potencialidad pura, de "vacuidad no vacía sino plena". En ese estado original surge la consciencia: el pensamiento “Yo Soy”. Entonces el Noumeno se refleja especularmente en el universo fenoménico. Para verse a Sí Mismo el Noumeno se objetiviza en fenómeno, y surge la primera dualidad básica: el principio de lo masculino (Purusha) y de lo femenino (Prakriti). Asímismo, para que los fenómenos puedan desarrollarse surgen el espacio y el tiempo. Tenemos pues los mismos principios que en la Cábala se denominan Ain Sof Aur (lo Inmanifestado, el Noumeno), la sefirá de Kether (la Consciencia “Yo Soy”, el Parabrahman) y las sefirot de Jokmah (lo masculino, el espacio, la energía) y Bináh (lo femenino, el tiempo, la forma).


El sistema Taoista también considera lo Inmanifestado, el “No Ser” o la “Nada” como el auténtico origen de toda la manifestación.  En el Tao te King leemos:

“No existencia y existencia son uno y lo mismo en su origen; sólo se separan cuando se manifiestan”.

“El principio del cielo y la tierra se hallan en el No Ser”. “Regreso es el movimiento del Tao. Debilidad es el proceder del Tao. Todo lo que hay surge del Ser. El Ser surgió del No Ser”.

"El Señor Venerable, el Tao, se encontraba en reposo, más allá de la desolación en silencio, en el vacío misterioso... Dicen que él / ella está ahí y no veo una forma, dicen que él / ella no está ahí, sin embargo, todos los seres lo siguen de por vida."


Es así que el vacío viene a identificarse con el substrato subyacente a la manifestación de la realidad.


En Cábala se habla de Los 3 niveles o Velos de Existencia Negativa:
             
   Ain אּיּן (Nada) 

   Soph  סּוּףּ (Infinito,Ilimitado) 

   Aur ﭏוּרּ(Luz). 


Ain es lo Inmanifestado Absoluto. No es un Ser, es la Nada, la "no Seidad".

Ain Soph  es el Infinito. Al hacerse Consciente de Sí Mismo, el Ain se convierte en Ain Sof. Surge la conciencia de Ser, la "Seidad".

Ain Sofh Aur es la Luz Infinita. El Ain Soph deviene en Luz Infinita Ilimitada. Se produce una contracción, el TzimTzum זּוּם זּוּם , que genera un vacío en el que se producirá la manifestación de todo el universo fenoménico. La primera emanación de este Inmanifestado es la esfera de Kether, que representa la Unidad, el Ser Unico y Existente por sí Mismo, al que comúnmente llamamos Dios, y cuyo nombre en Kether es Ehiéh אּהּיּהּ

Dion Fortune  en su “Doctrina Cósmica” describe tres procesos saliendo desde el Inmanifiesto (Ain Soph o En Sof):

El Anillo Cosmos es un proceso anabólico que permite la creación de las formas de mayor y mayor complejidad.

El anillo Caos es un proceso catabólico que produce la destrucción y el reciclado de la forma.

El Anillo-No-Paso es un límite donde el catabolismo se convierte otra vez en anabolismo. Ella visualizó esto como tres grandes anillos de movimiento en el Inmanifiesto, con el movimiento asociado al Anillo Cosmos espiralizándose hacia el centro, el movimiento del Anillo Caos desenvolviéndose hacia la periferia, y la zona muerta del Anillo-No-Paso definiendo el límite exterior del Anillo Caos. El punto en el cual el Anillo Caos es limitado por el Anillo-No-Paso es el punto donde todo es reducido a sus componentes más simples, que darán lugar a un nuevo terreno fértil donde pueda desenvolverse el proceso anabólico del Anillo Cosmos. Este proceso cíclico origina la dualidad básica de cosmos como orden y caos como desorden, considerando como bueno el uno y malo el otro. Pero sin la destrucción, sin ese proceso de reciclado que llamamos muerte, y que es imprescindible en cualquier forma material, el equilibrio del universo se rompería y la inimaginable monstruosidad de una creación ilimitada devoraría en su expansión todo el espacio vacío hasta colapsarlo. Y ¿qué se puede manifestar sin el vacío?. ¡¡¡Nada!!!.









viernes, 6 de abril de 2012

Los Niveles de Manifestación


 

En Cábala se habla de 3 niveles de Existencia Negativa: lo Inmanifestado, y 4 niveles de Existencia Positiva: lo Manifestado.

Los 3 niveles o Velos de Existencia Negativa se conocen como Ain אּיּן (Nada), Sof  סּוּףּ (Infinito, Ilimitado), Aur ﭏוּרּ(Luz). Este Ain Sof Aurסּוּףּ ﭏוּרּ  אּיּן o Luz Infinita, que proviene de la Nada,  está más allá de nuestra comprensión, y sólo a partir de la primera emanación de este Inmanifestado, que constituye la esfera de Kether, podemos entrar en una cierta comprensión, más intuitiva que racional, pues la primera sefirá representa la Unidad, el Ser Unico y Existente por sí Mismo, al que comúnmente llamamos Dios, y cuyo nombre en Kether es Ehiéh אּהּיּהּ

La manifestación surge cuando la Luz Infinita del Ein Sof se contrae, a fin de crear un espacio vacío en el que puedan desarrollarse otros mundos. Esta contracción se conoce como Tzimtzum זּוּם זּוּם ,y es el origen del todos los niveles de manifestación. El Tzimtzum marca el paso de la Realidad Ultima, perfecta e infinita, a la realidad limitada e imperfecta de los mundos manifestados, en los que la Luz Infinita se velará en mayor grado a medida que se suceda cada nivel de manifestación. Una impresión de ésta Luz Infinita, llamada Reshimo, permanece como una huella en el espacio de la creación, del mismo modo que la santidad de un hombre justo aún irradia en el lugar en que permaneció. En éste Reshimo se proyectará el Ein Sof a través del Kav, el Rayo Divino o Rayo Relampagueante. El espacio se llenó de Luz Infinita, dando lugar a un primer nivel de existencia conocido como Adán Kadmón u Hombre Primordial, que será la raíz de las diez sefirot.

Las etapas que se suceden son pues cinco:
1. Lo Inmanifestado: Ein Sof
2. El Tzimtzum
3. La formación del Reshimo.
4. La entrada del Kav
5. La generación de Adán Kadmón, alma de las diez sefirot.

Las diez sefirot son los recipientes o vasijas, Kelim, que acogerán la luz del Kav en su manifestación, comenzando desde Kether, la primera sefirá, y terminando en Malkut, la décima y última, agrupándose en distintos niveles o mundos, Olam.


Estos Niveles de Manifestación serían:

Atziluth   Nivel de Emanación
Comprende la Tríada de las Raíces o “Gran Rostro”, formado por las sefirot de Kether, Jokmah y Binah

Briah    Nivel de Creación

Yetzirah   Nivel de formación

Assiyah  Nivel de Acción
Comprende la esfera de Malkuth

Atziluth   es el plano divino o “mundo arquetípico” que da lugar a la manifestación representada por las diez emanaciones o sefirot, cada una de las cuales representa un aspecto divino: Sabiduría (Jokmáh), Inteligencia (Bináh), Misericordia (Jesed), Rigor (Gevuráh), Belleza (Tiferet), Eternidad (Netzaj), Esplendor (Hod), Fundamento (Yesod) y Reino (Malkuth).  Aquí se encuentra reflejado el Hombre Superior y Divino: Adam Kadmon, el Hombre Primordial

Briah   en este plano se ha traspasado el Abismo y por tanto se ha producido la gran separación entre el Sujeto –la Divinidad-, y el Objeto –la creación misma-. Las esferas que lo componen se encuentran a caballo entre el plano mental (Tiferet) y el plano espiritual (Jesed, Gevuráh). Se asocia a este plano a los Arcángeles.

Yetzirah   El nivel de la Formación se encuentra más próximo a la materia, entre el plano mental y el plano astral. Comprende las esferas de Hod, Netzaj y Yesod, mente concreta, emociones y personalidad, aspectos desarrollados, en mayor o menor grado, por todos los seres humanos. Se asocia a este plano los Angeles.

Assiah  El nivel de la Acción es el más denso y corresponde a la materia tal y como la conocemos, siendo en el hombre el cuerpo físico y su doble etérico. Representa el plano físico y su sefirá es Malkuth.

Puede observarse que los colores primarios de la Triada de la Etica (rojo, azul, amarillo) se combinan para formar los secundarios de la Triada del Temple de Animo (verde, naranja, violeta). La esfera de Malkuth representa el último nivel de manifestación: la tierra, y su división en 4 colores nos habla de los 4 elementos que constituyen el mundo material.

Si tenemos en cuenta que en el hombre existen 4 planos: físico, emocional (astral), mental y espiritual, los Niveles de Manifestación contienen estos planos del siguiente modo:

Assiah       Plano físico (naturaleza) y astral
Yetzirah   Plano astral y mental
Briah        Plano mental y espiritual
Atziluth   Plano espiritual y Divinidad (Adán Kadmón)

Como antes vimos en La Escalera de Jacob, cada nivel de 
manifestación tiene su propio Arbol. De arriba abajo estarían representados los Arboles de Atziluth, Briah, Yetzirah y Assiah.

 Cuando el hombre completa todo el Arbol de Assiah y llega a su Kether, que es el Tiferet de Yetzirah, tiene el dominio sobre todos los animales, plantas y otros elementos de la tierra. Pero si no prosigue su evolución se quedará confinado en el mundo de Assiah, donde nacerá y morirá en una existencia cíclica. El alma natural o Nefesh se recicla en un proceso que se conoce con el nombre de Gilgulim o Ruedas de la Transmigración. Solo al realizar todos los potenciales de nefesh surge la posibilidad de acceder al siguiente nivel, para el que se requiere un alma más evolucionada: el alma emocional-mental representada por Ruaj. Literalmente el hombre va afinando el vehículo que le permite ascender. Y la señal no es otra que el deseo de hacerlo, ese impulso que describe magistralmente Ken Wilber en su “Proyecto Atman”. Mientras no surge ese deseo de transcendencia el hombre queda confinado a la realidad del mundo material (realidad viene del latín “res”, cosa, objeto), y al proceso cíclico de muerte y renacimiento llamado Gilgulim o, en el budismo, Samsara.