sábado, 20 de febrero de 2016

Yoga y Cábala

Cuando el dedo señala la luna, el imbécil mira el dedo”
(Proverbio chino)

Patanjali
El Yoga, o los Yogas, y la Cábala, representan la cumbre de la tradición espiritual de oriente y occidente. Recordemos que Dion Fortune define la Cábala como “El Yoga de Occidente”. Nacidos en el seno de religiones tan distintas como el hinduísmo y el judaísmo, son quizás anteriores a ellas, pues la Cábala como tradición oral se remonta al patriarca Abraham, y no puede hablarse de judaísmo antes de Moisés. En cuanto al Yoga, Patanjali compila en sus Yoga Sutras una enseñanza que se remonta a más de 2500 años AC, pues ya es mencionado en los Vedas y en los Upanishads. El proverbio chino nos advierte de la necedad de fijarse en el dedo –la tradición particular- en vez de mirar a la luna –la Verdad a la que apunta, pues, cómo veremos más adelante, Yoga y Cábala tienen mucho en común.
YOGA es una palabra sánscrita que significa literalmente: unir, juntar, soldar, y está tomada de la raíz sánscrita yuj, unión. Metafísicamente alude a la unión de Purusha y Prakriti, Esencia y Sustancia, o Espíritu y Materia, los dos polos, activo y pasivo de la manifestación, y referido en el hombre a la unión de Atman (el Sí Mismo) y Brahman (el Absoluto), o alma espiritual y Realidad Suprema. El Vedanta Advaita afirma la unidad básica entre ambos, unidad que no experimentamos en el estado de dualidad en el que opera nuestra mente. Es por ello que Patanjali define el Yoga cómo “la cesación de las fluctuaciones de la mente. Cuando cesa la agitación de la mente (pensamientos, emociones y sensaciones fluctuantes) surge el estado real del YOGA. Entonces QUIEN VE queda establecido en su Naturaleza Original. 
En primer lugar destacaremos la tradición oral tanto en el Yoga como en la Cábala, tradición que subraya la necesidad de un maestro, gurú o rabbí. La palabra Upanishads (uno de los textos más importantes del yoga) significa precisamente “sentarse junto a” en alusión al maestro y los discípulos. La devoción al maestro, la total entrega a su enseñanza, son comunes a ambas tradiciones, pues el maestro no es ya un hombre cualquiera, ha trascendido su condición individual, y se ha se ha liberado de toda atadura, ha descubierto por fin quién es realmente, y esto nos lleva a la cuestión principal:

¿Qué es la Realidad Ultima?
En los Yoga Sutras se afirma que lo Real se halla más allá del tiempo, del espacio y de la causa, por lo que será constante, siempre idéntico a sí mismo, no determinado, infinito. Se le dá el nombre de Brahman (no confundir con Brahma), por encima del sujeto y del objeto, fuente de la Existencia, Inteligencia y Dicha (Sat, Chit, Ananda), más allá de toda descripción. Brahman es no-dual, uno sin segundo, y puede distringuirse un Brahman Nirguna (sin manifestación), y un Brahman Saguna, manifestado, al que se conoce como Ishvara. Ishvara se manifiesta como el Creador (Brahma), el Preservador (Vishnu) y el Destructor (Shiva) del universo.

En la Cábala este Infinito es llamado En Sof, o Ain Sof (sin límites). “Llamamos Infinito a lo que nadie comprenderá jamás, a lo que no tendrá fin porque nunca tuvo principio” (Zohar). “Debes saber que todo lo que es visible y todo lo que pueda ser captado por medio de la capacidad del corazón humano es limitado, y todo lo que es limitado tiene un fin, y todo lo que tiene un fin carece de valor. Partiendo de esta constatación, lo que no es limitado debe llamarse Infinito –En-Sof- y que es indiferenciación absoluta en la unidad perfecta sin alteraciones. Si algo es infinito, nada existe que sea exterior(El Bahir). El En Sof es la fuente de toda existencia, el uno sin segundo, Si preguntamos ¿Qué es? la respuesta es Nada, Ayin (אין) puesto que nada puede decirse sobre ello, está más allá de toda comprensión. El En Sof es el origen de las Sefirot, como emanaciones de su manifestación.

Para acercarse a la comprensión de esta Realidad Ultima el Vedanta Advaita tiene un método conocido como neti neti (ni esto, ni aquello), método que parte de la base de que el conocimiento racional del Absoluto es totalmente imposible, pues el propio conocimiento como tal requiere de un conocedor, el sujeto, y un objeto que se pretende conocer, en este caso Brahman, pero cómo éste no es precisamente un objeto, no es posible definirlo con atributos, y por ello la negación de todo aquello que no es puede llevarnos a lo único que no es posible negar: el Ser
Por su parte la Cábala tiene una vía similar, la llamada vía del no, vía que por medio de la negación despoja a Dios de todos sus atributos: “El En Sof no está diferenciado por nada, y todo se une en su indiferenciación, pues en su seno todo es indiferenciado” (El Bahir).

La Realidad Ultima es pues para ambos, Yoga y Cábala, NO DUAL, más allá del tiempo y del espacio, y, en origen, SIN MANIFESTACION, y se conoce como Brahman Nirguna en el Yoga, y En Sof en la Cábala. Cuando en este estado original surge la consciencia: el pensamiento “Yo Soy”, entonces el Noumeno se refleja especularmente en el universo fenoménico. Para verse a Sí Mismo el Noumeno se objetiviza en fenómeno, y surge la primera dualidad básica: la polaridad de lo activo (Purusha) y de lo pasivo (Prakriti). Asímismo para que los fenómenos puedan desarrollarse surgen el espacio y el tiempo. En la Cábala, En Sof se manifiesta como El Uno en la primera sefirá, Kether, con el pensamiento “Yo soy el que soy” (Ehié aser ehié), y la polaridad básica de lo activo y pasivo, espacio y tiempo, masculino y femenino, en las sefirot de Jokmáh y Bináh respectivamente.

Bhakti Yoga y Cábala Extática

"El que Me percibe en todas partes y todo lo percibe en Mí no puede nunca perderme a Mí, 
ni el puede perderse para Mí"
Bhagavad Gita
La unión mística con la Divinidad es la meta de muchas tradiciones espirituales, desde la escuela pitagórica hasta el sufismo. Para alcanzarla, el Yoga y la Cábala presentan métodos que utilizan predominantemente el sonido de fonemas o palabras sagradas.
Krishna conduce el carro de Arjuna
El Bhakti Yoga es una de las vías del Yoga, junto con el Karma Yoga (vía de la acción) y el Jñana Yoga (vía del conocimiento) descritas en el Bhagavad Gita. Bhakti significa devoción, y proviene de la raiz verbal “participar, tomar parte”: El yogui toma parte en literalmente la Divinidad por medio de la rendición, la devoción, el servicio, el culto, y por último es involucrado en la unión mística con la Divinidad. La práctica más habitual es la recitación de mantras, frases, palabras o sílabas sagradas que se utilizan como medio para entrar en un estado de conciencia que permita el silencio mental necesario para la recepción de la experiencia transcendente. El principio de un mantra es el concepto básico de que el sonido es vibración, y toda vibración a su vez genera energía y por lo tanto tiene la habilidad de generar cambio en el campo donde se introduce. Se cree que los mantras se originaron en tradiciones védicas, en las que las palabras han sido consideradas como poderes creadores o destructores.
La Cábala Extática, difundida por el cabalista sefardí Abraham Abulafia, aspira en su práctica al debekut דבקות o unión con Dios, finalidad de toda experiencia mística. Abulafia propone una técnica de meditación que incluye combinaciones con las letras del alefato y vocalizaciones de dichas letras, acompañadas de determinados movimientos e incluso respiraciones, que algunos asocian a las técnicas del pranayama yóguico: Cuando empieces a pronunciar la letra, empieza a mover la cabeza y el corazón: el corazón, mediante el intelecto, porque es un órgano interno, y la cabeza, por sí misma, pues es un órgano externo…”. Los mantras son en este caso las propias letras hebreas, cuyo carácter sagrado se fundamenta en que mediante ellas todo el universo fue creado (SeferYetziráh). Otra modalidad sería la recitación de nombres divinos, recitación que se acompaña de determinados movimientos. La recitación del nombre divino es también utilizado por los devotos de Rama (encarnación de Vishnu y héroe del Ramayana) para el mismo fin.Y hablando de mantras, el mantra por excelencia evoca la vibración primigenia que da origen al universo: el OM.

El sonido de la Creación
                “En el Principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios
(Juan 1:1)
OM es la vibración cósmica que da origen al universo, la sílaba sagrada, la expresión directa de Brahman. Sus tres letras (A-U-M) se identifican con la Creación (Brahma), la Preservación (Visnu) y la Destrucción (Shiva), la Trimurti que representa el devenir continuo de toda la manifestación, manifestación que llegará a su fin en el Pralaya (disolución), cesando la vibración y retornando al Silencio Infinito.
El Unico Infinito hizo vibrar una parte de Sí Mismo transformándola en dos, y después en muchas más, hasta que la vibración cósmica originó las estrellas, las galaxias, los planetas, las flores, los árboles y el cuerpo humano” (La esencia de la autorrealización. Paramahansa Yogananda)

AUM forma parte de la designación divina de Brahman, SAT TAT AUM, las tres palabras inspiradoras del alma: SAT (Realidad, Verdad), TAT (“Eso”, el Eterno Sin Nombre) AUM (Vibración Creadora)

El OM se identifica con la Madre Divina, ya que representa el aspecto femenino de Dios, su manifestación como Universo. Para el cristianismo sería el Espíritu Santo. Para la Cábala es la Shekináh. En el Arbol de la Vida las palabras sagradas se corresponderían con:
SAT         El Absoluto. Sat Chit Ananda                     Sefirá de Kether
TAT         Kuthastha Chaitanya o Conciencia Crística      Sefirá de Tiferet
AUM        Vibración cósmica, Shekináh                     Sefirá de Malkut
La Cábala enseña que el Verbo existía antes de la Creación en forma de Pensamiento. Solo cuando el Pensamiento hubo concebido la Luz, ésta pudo ser expresada y creada por el Verbo. Vemos por consiguiente que tanto para el Yoga como para la Cábala la expresión directa del Absoluto (Brahman, En Sof) es una vibración sonora que da origen al Universo.
La Ciencia ha encontrado en efecto una radiación cósmica de fondo como eco del Big Bang, radiación que emite un sonido  que incluso ha sido recreado  a partir de las longitudes de onda de dicha radiación. (https://soundcloud.com/uwnews/bigbangsound100)

El Bindu y el Punto Supremo

La manifestación se representa por un punto llamado bindu (punto). Bindu es la fuente de la creación, es la semilla cósmica desde donde todas las cosas se manifiestan y desarrollan, es el núcleo de energía concentrada, el germen del sonido último, y representa los aspectos dinámicos y estáticos de lo masculino y lo femenino (Shiva y Shakti), unidos en Uno. Contiene todas las potencialidades del devenir. 

Sri Yantra
Según el texto tántrico Sharada Tilak la manifestación comienza al estallar el Bindu. El Bindu se representa como el punto diacrítico sobre el símbolo OM, o como el punto central del Sri Yantra. El punto esencial en medio del yantra es la Shakti suprema, que crece y toma la forma de un triángulo” (Kamakalavilasa). El punto recibe un rayo y en su seno se opera la polarización de Shiva y Shakti, las energías dinámicas y estáticas comienzan a relacionarse y los dos puntos suplementarios emergen, para formar una tríada: el triángulo primordial, llamado mula-trikona".
Como chakra, es el Bindu Visarga situado en el área de la coronilla. Algunas escuelas lo identifican con el séptimo chakra: Sahasrara, otras lo consideran un octavo chakra más elevado.
Por otra parte, en Cábala el Punto Supremo hace referencia a la primera sefirá,  Kether, la Corona Suprema. La palabra esplendor (Zohar) designa el punto brillante que el Misterioso hizo brotar al alcanzar el vacío y que es el origen del Universo, palacio construido para su gloria. Este brillo es en cierto modo la semilla sagrada del mundo: “Y la simiente de que proviene es sagrada” (Is. 6:13). De Kether parte el Kav o Rayo Relampagueante que hace surgir las sefirot. La primera polarización dá lugar a las sefirot de Jokmáh y Bináh, Energía y Forma, Espacio y Tiempo. Las tres sefirot constituyen la Triada Divina también llamada Gran Rostro.
Aunque más adelante veremos los chakras y sus relaciones con las sefirot, recordemos que el chakra Corona o sahasrara chakra se corresponde con la sefirá de Kether, cuyo significado también es corona.
La Reencarnación: Samsara versus Guilgul
La creencia en una esencia individual, alma, cuerpo causal, mente, conciencia etc, que evoluciona a través de sucesivas encarnaciones en cuerpos diferentes es común a muchísimas tradiciones espirituales. En el Yoga aparece ya en los Upanishads asociada a la ley del karma. “Karma” significa acción; se refiere a cualquier acción física o mental y a las consecuencias de estas acciones. Es equivalente a la ley científica de causa y efecto, o acción y reacción. Los frutos del karma son el placer y el dolor. El hombre vuelve a nacer una y otra vez para recoger los frutos de su karma, en un ciclo denominado samsara (vagabundeo, deambular), hasta que por fin alcanza la liberación de este estado, el samadhi. Patanjali cita dos grados en el samadhi: el samadhi samprajnata, en el que aún se conserva la conciencia de individualidad, y el samadhi asamprajnata, en el que la ósmosis con el Absoluto es total, realizándose la identidad entre  el alma individual (atman), y el alma universal (Brahman). El ser humano tiene que comprenderse en su totalidad. Es inmortal como esencia, pero debido a un proceso de identificación con el fenómeno contingente y relativo de estas dimensiones del ego se cree mortal. La Liberación consiste justamente en devolver la conciencia a su fuente imperecedera.(Yoga Sutras 4.4)

Representación del samsara
En las acciones que realizamos y que generan karma tienen gran importancia los samskaras. Estos samskaras no son sino fuertes impresiones en la mente, que determinan las creencias, actitudes y personalidad de un ser humano, generando la tendencia a repetir esos actos. Los samskaras de otras vidas anteriores actúan en el subconsciente condicionando nuestra conducta y convirtiéndose en las semillas de actividad que se manifestarán en el renacimiento futuro. Todos nuestros deseos y aspiraciones hacen girar la rueda del karma, y por ello se afirma que el yogui debe abandonar incluso el deseo de liberación. El Dharma, el Orden Cósmico, es también el destino personal, y cada uno de nosotros debe encontrar su svadharma, es decir su camino.

Ytzak Luria
La Cábala también recoge la doctrina de la reencarnación, guilgul, גלגול, o Guilgul Haneshamot, “retorno de las almas”. La palabra guilgul proviene de “galgal” que significa rueda. Los guilgulim son rotaciones de la esencia espiritual, que atraviesa en su evolución diversos estados o niveles de la Luz del Infinito, desde el más primario de nefesh hasta el más elevado de yejidáh. En el Zohar (2.99b) se lee: «Todas las almas están sujetas a la transmigración, y los hombres que no conocen los caminos del Señor, que sean bendecidos; ellos no saben que están siendo traídos delante del tribunal, tanto cuando entran en este mundo como cuando salen de él. Son ignorantes de las muchas transmigraciones y pruebas secretas que deben de pasar». El sentido de la reencarnación en la Cábala es positivo, como atestigua el hecho de que guilgul y Jesed (misericordia) tienen la misma guematria: 72, indicando que la misericordia divina nos da tantas oportunidades como necesitemos para evolucionar. En la obra Shaar Ha Guilgulim (Pórtico de las rotaciones) Jaim Vital compila las enseñanzas de su maestro, Ytzak Luria, “El Ari”, el cabalista que más desarrolló esta doctrina. Luria afirma que la reencarnación tiene un propósito sagrado: el cumplimiento del tikún, palabra que significa “reparación”. ¿Y qué es lo que hay que reparar?: el desequilibrio del universo, originado al descender el Rayo Relampagueante cuya luz era excesiva para las sefirot que debían contenerla a partir de la cuarta sefirá. Una de las consecuencias de este desequilibrio energético, conocido como Shebirat Hakelim, es el exilio de la Shekinah al mundo material, Malkut, y la pérdida de la Unidad original. El tikun es el trabajo que el hombre, cooperando con la divinidad, debe realizar para  rescatar a la Shekinah del exilio y reconstruir la Unidad perdida. Para ello necesita una evolución que requiere innumerables reencarnaciones, pues en una única vida sería del todo imposible encontrar y cumplir este propósito sagrado. Svadharma o tikún señalan pues a un destino individual que transciende la vida terrena y lleva implícito una evolución del alma hasta su Fuente.
La anatomía sutil: chakras versus sefirot
Los chakras (rueda en sánscrito) son puntos concretos situados en el eje central del cuerpo y en los que se cruzan los nadis, una especie de canales por los que discurre el prana, la energía vital. Este sistema es el equivalente en el cuerpo sutil a la circulación de la sangre en el físico. Existen muchos nadis, pero los tres principales son:
Ida: A la izquierda del central: Asociado a la energía femenina y fría de la luna
Pingala: A la derecha del central. Asociado a la energía masculina y cálida del sol.
Sushuma: El canal central en el que se alinean los chakras y por el que asciende Kundalini. Kundalini, (kundala:enrollada) es la energía cósmica evolutiva que posee cada individuo. Se encuentra “dormida” en el primer chakra y enrollada en él. Al despertar ascendería por sushuma atravesando todos los chakras hasta llegar a último, Sahasrara, lo que supondría el máximo nivel evolutivo alcanzable, la iluminación.

En realidad Kundalini no está totalmente dormida, sino que fluye generalmente por los tres primeros chakras, abriéndolos en mayor o menor grado, en consonancia con el grado de evolución del individuo.
Los Yoga Sutras de Patanjali describen 7 chakras:
Muladhara Chakra o chakra raíz: En la base de la columna, dónde se encuentra enrollada Kundalini. Representa el elemento Tierra y la función de supervivencia del ser físico.
Svadhisthana Chakra: Situado en el área genital. Representa el elemento Agua y la función de reproducción.
Manipura Chakra: Situado en el plexo solar. Representa el elemento Fuego y la función de afirmación del ser.
Anahata Chakra: Situado en el plexo cardiáco. Representa el elemento Aire y la función de amor más allá del ego.
Vishuda Chakra: Situado en la base de la garganta. Representa el elemento Eter y la función de expresión del ser.
Ajna Chakra: Situado en la zona del entrecejo, en la glandula pituitaria. Representa el elemento Avyakta, la nube primordial de materia y energía indiferenciadas y la función es el conocimiento del ser.

Sahasrara Chakra: Situado en la coronilla, en la glándula pineal. Cuando la Kundalini Shakti (principio femenino) se une con Shiva (principio masculino) en este chakra, el yogui alcanza el séptimo plano de la conciencia, la unión con el Absoluto.

Muladhara equivale a la sefirá de Malkut.
Swadhistana equivale a la sefirá de Yesod.
Manipura equivale a las sefirot de Hod y Netzaj
Anahata equivale a la sefirá de Tiferet. 

Vishuda equivale a las sefirot de Jesed y Guevuráh
Ajna equivale a las sefirot de Jokmáh y Bináh
Sahasrara equivale a la sefirá de Kether


Los tres primeros chakras equivalen a la Triada de Inserción en el Mundo y actualmente están activos en todos los seres humanos en mayor o menor grado. El cuarto chakra, Anahata, separa los tres chakras inferiores de los tres superiores. Corresponde a la sefirá central de Tiferet y es la frontera que separa el desarrollo personal del transpersonal, frontera que en el Arbol de la Vida se conoce como Velo del Templo. Solo algunos individuos consiguen el pleno desarrollo del cuarto chakra y el desenvolvimiento del Amor, que no es una emoción ni un sentimiento, como se vivencia en los chakras inferiores, sino un estado de conciencia en el que se experimenta la Unidad de todo lo que es.
Los 3 nadis principales se corresponderían a los 3 pilares del Arbol de la Vida:
El nadi Ida al Pilar Izquierdo.
El nadi Pingala al Pilar Derecho
El  nadi Sushuma al Pilar Central

Por último, y con respecto al ascenso de kundalini, que a veces se representa en el Arbol de la Vida como la serpiente Najustán recorriendo todos los senderos del Arbol hasta llegar a Kether en un proceso de evolución de la conciencia, el Hatha Yoga Pradipikta afirma que kundalini solo se despierta cuando la gracia desciende sobre uno. Patanjali afirma que debemos estar preparados a fin de acogerla cuando llegue: “Estén físicamente firmes, mentalmente estables y preparados espiritualmente para recibirla”. La palabra Cábala significa precisamente recepción, y apunta directamente a este mismo concepto, puesto que su notarikón: חן (jen, de Jokmáh Nistaráh, “Sabiduría Secreta”) significa exactamente lo mismo, “gracia”. La Cábala y el Yoga confluyen en este mismo concepto de estar receptivos, ya que la Gracia no desciende por nuestros esfuerzos, sucede, sin que nosotros hagamos nada. Cuando el fruto está maduro, cae del árbol, no por sí mismo, sino por una fuerza mayor que le atrae y que llamamos gravedad. Esa fuerza ya estaba ahí todo el tiempo, pero no puede actuar sobre el fruto hasta que éste no alcanza su sazón. 

viernes, 18 de diciembre de 2015

Sefarad y la Cábala


"Oh mia patria si bella e perduta..."
Va Pensiero (Nabucco)


La presencia hebrea en España se remonta a tiempos míticos. Es conocida la leyenda según la cúal el primer hebreo que pisó estas tierras fue Thubal, hijo de Jafet y nieto de Noé, quien, 84 años después del diluvio, desembarcó en tierras gallegas, en la ría de Muros, dónde fundó la ciudad de Noia, nombre dado en recuerdo de Noe. Más cercano en el tiempo es el origen que algunos eruditos atribuyen a la presencia hebrea, identificando la península con la Tarsis bíblica, a la que comerciantes fenicios y hebreos llegaron en tiempos de Salomón en busca de metales preciosos para la construcción del Primer Templo (965..928 ac). Mayor aceptación tiene la teoría según la cúal la llegada de hebreos fue tras la primera diáspora judía en el año 586 ac, al ser conquistado el Reino de Judá por Nabucodonosor. No obstante, la primera mención de la palabra Sefarad se encuentra en un texto del profeta Abdías: …y los cautivos de esta hueste de los hijos de Israel, los que están entre los cananeos hasta Tfarzat y la cautividad de Jerusalén, que está en Sefarad”. 

Flavio Josefo sigue la tesis thubalita, afirmando que los thobelos o iberos serían descendientes de los hebreos asentados en Galicia desde tiempos bíblicos. Por otra parte, la etimología de la palabra Iberia, asociada al río Iber (Ebro), viene según muchos estudiosos del vocablo Ibri, hebreo. Y apoyando la hipótesis de Josefo, los topónimos de numerosas localidades gallegas y asturianas tienen una raíz hebrea, como Jaime Villarrubia pone de manifiesto (Kabbalah en píldoras, 234..248), comenzando por la propia Galicia, vocablo derivado de galut, destierro, al que fenicios e israelitas asociados fueron a parar para explotar las ricas minas de oro y hierro, estableciéndose allí y en Asturias (Astarté, diosa fenicia), dónde permanecerían hasta la expulsión definitiva en 1492 por el Edicto de Granada.

Desembarco de Thubal en la costa gallega
La primera persecución conocida de los judíos se remonta al 589 d.c., cuando el rey visigodo Recaredo se convirtió al catolicismo, y adoptó una actitud beligerante contra las comunidades judías. Para los judíos la invasión musulmana de la península ibérica en el 711 significó el fin de la persecución a que habían sido sometidos por los monarcas visigodos y por la Iglesia católica. Está comprobado que los recibieron con los brazos abiertos y que colaboraron con ellos en la custodia de algunas ciudades, como Córdoba, Sevilla, Granada o Elvira. La presencia musulmana en España se extendió durante 8 siglos, (s. VIII al s. XV), y fueron precisamente los siglos XII y XIII los de mayor esplendor de la presencia judía. Judíos eran la mayoría de los médicos, así como los encargados de recaudar tributos y de la administración del tesoro estatal. Judío era Luis de Santangel, que financió la expedición de Colón y, como secretario del rey Fernando de Aragón, firmó las Capitulaciones de Santa Fé. En España, y contrariamente a lo que se cree, la expulsión de los judíos fue posterior a la de otros reinos como el de Inglaterra (1290) o el de Francia (1394), quizá debido a  la presencia musulmana durante estos siglos. Pero la exigencia de una única religión como argamasa ideológica de los nuevos estados llevó, también en España y auspiciada por la Inquisición, a la expulsión definitiva de los judíos. Hombres, mujeres y niños abandonaron sus casas y todos sus bienes, solo se les permitíó llevar letras de cambio, no moneda acuñada, y en una nueva y dolorosa diáspora abandonaron su tierra, Sefarad, para siempre. Sefarad סּפרד,  cuya temurá es pardésפרדס  paraíso, pues España era para ellos su segunda patria y, en muchos aspectos, un auténtico paraíso en la tierra.

Los que se quedaron, los conversos, fueron siempre sospechosos de judaizantes. Sin embargo, conversos o hijos de conversos fueron Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Góngora, Gracián, Fray Luis de León, Cervantes, Antonio de Nebrija, Luis Vives, Arias Montano y tantos otros ilustres españoles, a muchos de los cuales persiguió la Inquisición. El término “marrano” venía a señalar a aquellos que no podían demostrar su “limpieza de sangre”, condición que se mantuvo para desempeñar cargos públicos hasta ¡1865!

Pero volviendo a tiempos mejores, la Cábala tuvo un florecimiento extraordinario en Sefarad, conociendo su edad de oro en las aljamas ibéricas entre los siglos XII y XIII. En la Provenza francesa el llamado Isaac el Ciego escribe el Sefer Ha Bahir (Libro de la Claridad), libro con gran influencia gnóstica y neoplatónica. En él aparece por primera vez el concepto de En Sof, Infinito, como Divinidad Inmanifestada, y los 10 Sefirot conformando el conocido Arbol dela Vida o Arbol Sefirótico. Sus discípulos fundaran en Cataluña la Escuela de Gerona, la primera escuela cabalística de occidente. El principal de ellos, Azriel de Girona, difunde el concepto de Ain Sof o En Sof, cuya formulación expone en el libro Saal ha-soel (La puerta del que pregunta):

“Si el interrogador pregunta: ¿Por qué estoy obligado a creer en el infinito En-Sof?
Respuesta: Debes saber que todo lo que es visible y todo lo que pueda ser captado por medio de la capacidad del corazón humano es limitado, y todo lo que es limitado tiene un fin, y todo lo que tiene un fin carece de valor. Partiendo de esta constatación, lo que no es limitado debe llamarse Infinito –En-Sof- y que es indiferenciación absoluta en la unidad perfecta sin alteraciones. Si algo es infinito, nada existe que sea exterior. A medida que se eleva es el principio esencial tanto de lo secreto como de lo manifiesto. A medida que se oculta, es la raíz tanto de la fidelidad como de la rebelión, y respecto a esto dicen las Escrituras “Por su fidelidad, el justo vivirá”. Los filósofos concuerdan con quien afirma que no es capaz de definir el Infinito, salvo de manera negativa. Las entidades que emanan del Infinito son las sefirot.”


Otras obras suyas son Comentario al Séfer Yetzirá y Comentario a las aggadot del Talmud. Su principal discípulo, Mossé ben Nahmán, Nahmánides, también conocido como Rambán, fue rabino mayor de Cataluña y la mayor autoridad talmúdica de su generación. En su  Comentario al Sefer Yetzirah  encontramos párrafos como éste, que alude al retorno al Origen:

“El número treinta y dos es una alusión al corazón, y el corazón es la Voluntad, tal como lo expresa el versículo "¿Es tu corazón tan recto como el mío, como el mío lo es con el tuyo?". Todas y cada una de las cosas existentes deben su existencia a la Voluntad que se encuentra en ellas. Si se produce una inversión de Voluntad se provoca el retorno al origen inicial, como si alguien aspirara, atrayendo hacia sí mismo su propio soplo”.

Nahmánides tuvo que abandonar España tras la famosa Disputa de Barcelona, en la que demostró a sus contendientes dominicos que los profetas de la Biblia consideran el Mesías futuro como un ser humano, una persona de carne y hueso, y no como una divinidad. Su destino fue Palestina, dónde murió en 1267.


En Aragón destaca Abraham Abulafia. Hombre inquieto, un episodio muy controvertido de su vida fue su ida a Roma para, supuestamente, convertir al papa Nicolás III, tal y como una visión le había ordenado. El Papa falleció curiosamente un día antes, pero Abulafia fue encarcelado durante un tiempo por este motivo. Viajó mucho, por Italia, Grecia e incluso Tierra Santa, en busca de sus orígenes y del mítico río Sambatión, tras el cúal se creía se encontraban las 10 tribus perdidas de Israel, hasta regresar y establecerse en Barcelona.

Abulafia tiene como pilares de su obra al Sefer Yetziráh y a la Guía de Perplejos del filósofo hebreo Maimónides, de los que hace sendos comentarios. En el núcleo de su visión se encuentra la idea de que estamos sellados, anudados, trabados, y que, por lo tanto, debemos deshacer cada nudo de nuestro ser. La palabra «nudo», kesher קשר se transforma por temurá en sheker שקר, «mentira». Para liberarnos de esta condición y poder aspirar al debekut דבקות o unión con Dios, finalidad de toda experiencia mística, Abulafia propone una técnica de meditación que incluye combinaciones con las letras del alefato y vocalizaciones de dichas letras, acompañadas de determinados movimientos e incluso respiraciones, que algunos asocian a las técnicas del pranayama yóguico: “Cuando empieces a pronunciar la letra, empieza a mover la cabeza y el corazón: el corazón, mediante el intelecto, porque es un órgano interno, y la cabeza, por sí misma, pues es un órgano externo…”. Esta original disciplina que persigue sin duda entrar en un estado alterado de conciencia se encuentra en su obra Hokmat ha-Tseruf (Ciencia de la Combinación de las Letras). El Tseruf  incluye las técnicas de hermenéutica cabalística: Guematria, Temurá y Notarikón, técnicas que permiten abrir los sellos que ocultan el verdadero significado de la Toráh o de otras obras, como la Guía de Maimónides.
La íntima relación entre su vida y su obra se refleja en su libro autobiográfico Sefer ha-'ot, de carácter profético, escrito en Sicilia, dónde murió. La obra de Abulafia, conocida como Cábala Extática, tendrá gran influencia en círculos cabalistas sefardíes, siendo muy difundida la recitación de Nombres divinos para alcanzar estados de éxtasis. A este respecto, Abulafia rechaza totalmente el uso mágico de la recitación de Nombres para imponer la voluntad propia en el mundo exterior. La magia que debe conseguirse es la de la propia transformación interior. Puede verse aquí la relación con la alquimia, relación que explica la influencia de Abulafia sobre autores como Ramón Llull. Influyó también sobre otros cabalistas como Mosés Cordovero y Haim Vital. Abulafia fue sin duda un gran cabalista, aunque controvertido para muchos, como suele suceder con los innovadores. La Cábala le debe el método más característico, el Tseruf o hermenéutica de las letras.

Su discípulo más destacado fue Yoséf Chiquitilla. Chiquitilla, o Gikatilla, aprendió el Tséruf con Abulafia, pero se decantó por la cábala teosófica, dando mayor importancia a la doctrina de las Sefirot. En su tratado Sha’aré Orah (Las Puertas de la Luz), nombra a las sefirot en orden inverso al establecido, comenzando por Malkut, y terminando en Kether. De este modo propone el camino ascendente o de evolución del alma, asociando a cada sefirá el Nombre Divino que le corresponde, desde la Shekináh de Malkut hasta la Corona de Kether. Cada sefirá es un recipiente de las superiores y, a la vez, un derramante de las inferiores: "Todas las carrozas y todos los niveles de la emanación obedecen a la forma derramante-recipiente y ése es el secreto de la androginia". Y es la Androginia Divina el tema principal de otra de sus obras, El Secreto de la Unión de David y Betsabé: hay una dualidad en cada manifestación, que se corresponde a la dualidad esencial de la propia Divinidad en su aspecto masculino y femenino, siendo ésta teoría la quintaesencia de la Cábala, y por lo que ha sido criticada e incluso perseguida por la heterodoxia monoteísta hebrea: El Uno se manifiesta en los muchos, pero siempre a través de esta dualidad de opuestos, que se atraen para complementarse. Esta dualidad se encuentra tanto en el Hermetismo (Ley del Género), como en filosofías tan lejanas como el Taoísmo (Tao manifestado en fuerzas polares Yin Yang). Solo el Infinito, el En Sof del que las 10 sefirot emanan, está más allá de esta dualidad. 


Pero es sin duda El Zohar la cumbre de la Cábala universal. Obra del sefardita Mosé ben Sem Tov, conocido como Moisés de León, el Sefer ha Zohar (Libro del Esplendor) ve la luz el 1280 como un midrasech (comentario en clave) de la Torá. El propio Mosé dice ser no el autor sino el compilador de la obra de un rabino palestino del s II a.c. llamado Shimeón bar Yohai. El cuerpo central está escrito en arameo, pero hay partes en hebreo, e incluso en ladino (judeoespañol), que hablan a favor de la autoría sefardí. No obstante, lo más probable es que existiera ya todo o gran parte de su contenido como tradición oral o incluso en diversos escritos. En ese caso el rabino leonés habría hecho una labor semejante a Patanjali en sus Yoga Sutras, compilando conocimientos ya existentes. El nombre Zohar deriva del versículo de Daniel: Los sabios brillarán con el esplendor (zohar) del firmamento”.
Siendo esta obra cumbre de la Cábala demasiado extensa y prolija para este reporte, mereciendo de por sí una entrada completa, apuntaré tan solo dos conceptos importantes: el que hace referencia a la Creación y al papel de las letras hebreas en ella, y el que destaca la necesaria unión de los principios masculino y femenino para la continuidad del mundo manifestado.
Ejemplar de Isaac Newton
El papel de las letras se encuentra en el llamado Midrash de Rabí Akiva, y en él se explica como cada una de las 22 letras del alefato se presentan ante Dios manifestando sus méritos para encabezar el Verbo con que comienza la creación, en orden inverso al que ocupan en el alefato. Pero Dios las descarta una a una, mostrando la palabra negativa que también inician, hasta llegar a la letra Beth ב que elige para este fin:Bereshit bará Elohim… (En el Principio creó Dios…) El Principio simboliza la existencia primordial, la divinidad en su estado de no manifestación, y que conocemos como Nada (Aín), de la que surge la divinidad ya manifestada y creadora del universo, Elohim, que creará por medio del Verbo, conformado precisamente por estas letras sagradas, tal y como ya se recogía en el Sefer Yetziráh.
Los dos principios masculino y femenino, que constituyen la esencia misma de la creación. Rabí Simón afirma que las palabrasVarón y hembra los creó” (Gen 5:2) permite deducir que toda figura que no represente al varón y a la hembra no se parece a la figura celestial.Les bendijo y les puso por nombre Adán” (Gen 5:2), no  “Lo bendijo y le puso por nombre Adán”, ya que Dios solo bendice cuando el varón y la hembra están unidos. En el Arbol de la Vida el principio Masculino se manifiesta en Jokmáh, y el Femenino en Bináh, y de su unión nacen todos los Mundos y el resto de las Sefirot, hasta llegar a Malkut, dónde el principio femenino se manifiesta como la Shekináh, a la que también se titula como la Reina, la Novia o la Matrona. Toda la tierra está llena de su gloria (Isaías 6:3). El matrimonio es considerado sagrado por realizar simbólicamente la unión de Dios con la Shekináh, que es llamada El Vergel de las Manzanas Sagradas, las Sefirot, pues actúa a través de ellas. El sol busca la luna, es decir; el Santo, Bendito sea busca a la Shekináh bajo el Trono y no la encuentra, porque los pecados de los hombre los separan”. La restitución de la Shekináh en su trono será el tema principal de el gran Ari, Isaac Luria, ya en el siglo XVI, en Safed (norte de Israel), adónde se habían dirigido muchos sefardíes tras su expulsión en 1492.
Toledo, la Jerusalén de Sefarad