domingo, 30 de septiembre de 2012

Tiferet, el centro del Arbol de la Vida


“El sol nos calienta a todos, alumbra a justos y pecadores”

 A un guerrero indio que busca la visión sin encontrarla: “Buscaste sin descanso sabiduría y poder. ¿Sabrías reconocer esos dones si te los dieran? Buscaste una visión como un cazador busca búfalos, como un guerrero busca caballeros. Luchaste contra los espíritus. Pensaste que te debían algo, que te debían una visión. El sufrimiento no proporciona visiones, como tampoco la valentía ni la fuerza de voluntad. Una visión es un don. Aunque de tu visión solo hayas aprendido esto, ya has aprendido bastante, pues el poder y la sabiduría proceden de dentro. Cuando un hombre es consciente de su armonía con la creación, cuando es consciente de que en el centro del universo yace un poder superior a él mismo, comprende que el centro está en todas partes, está dentro de cada uno de nosotros”.

El Guardián de los Sueños
La película.

Tiferet (Belleza, Armonía) ocupa exactamente el centro del Arbol de la Vida, en el centro del Pilar Central. La sexta sefirá es el sol de ocho rayos –los ocho senderos que confluyen en ella-, y del mismo modo que Daat separa la Divinidad, el Gran Rostro, de su manifestación, el resto del Arbol conocido como Pequeño Rostro, Tiferet separa la parte superior del Arbol, que representa lo transcendente, lo que está más allá de la individualidad, de la parte inferior, en la que nuestra individualidad se manifiesta como personalidad, compuesta por emociones (Netzaj), pensamientos (Hod), ego (Yesod) y cuerpo físico (Malkut). Tiferet es el corazón del Arbol, y como tal se corresponde con el chakra cardiáco Anahata, que también ocupa una posición central entre los 3 chakras inferiores y los 3 superiores.

El nombre de Belleza se debe a que su posición central es la clave del equilibrio de todo el Arbol, y como sabían los griegos muy bien la belleza es un resultado de la armonía, y ésta a su vez requiere del equilibrio. Un exceso o defecto acusados de algo, rompen el equilibrio y dan al traste con la armonía. Por ello la proporción era tan importante para los clásicos, y la llamada divina proporción, o número áureo: el número Phi, preside no solo obras de arte de gran belleza sino todas las manifestaciones de la naturaleza, desde la espiral de un caracol a la de una galaxia. La asociación del número áureo con Tiferet puede verse también en el metal y planeta atribuidos a la sefirá: el oro y el sol. El equilibrio que Tiferet debe conseguir es el de las sefirot de Jesed y Guevuráh, el eje horizontal correspondiente a los dos brazos en el cuerpo humano, y a los conceptos de Misericordia y Rigor.

Semesh, el sol, es el centro de nuestro sistema solar. La imagen de Centro es común en todas las tradiciones, es siempre el punto de mayor poder por representar la ausencia de polarización, la ausencia de movimiento, y por ello, el único lugar en el que se encuentra, valga la redundancia, el centro de gravedad en el que nada ni nadie puede movernos. “Busco un centro de gravedad permanente…” como dice Batiatto en su canción, todos buscamos ese centro en el que encontrarnos seguros, y ese centro, también lo dicen las tradiciones, está en tu corazón, ahí donde mora tu Yo Superior.


Si encuentras tu centro, encuentras el Centro

Tiferet es el Centro de la Individualidad, el Yo Superior, el sentimiento “Yo Soy”, el Sí Mismo de Jung, el Centro Crístico del Arbol. En la cúspide de la Triada del Despertar, el individuo descubre que más allá de su personalidad concreta, siempre inestable, existe una conciencia de ser que es inmutable, y en la que pase lo que pase se encuentra en paz y en comunión con algo más grande que él. Su sentimiento de separación del mundo y de los otros se diluye, pues hay un primer atisbo de Unidad. Esta experiencia de su verdadera identidad le prepara para cruzar la barrera del llamado Velo del Templo, Parojet. Y del mismo modo que solo el Sumo Sacerdote podía traspasarlo, únicamente quien ha trascendido la Individualidad puede cruzarlo. La prueba requiere comprender e integrar que todos somos iguales en nuestro corazón, que la chispa divina es la misma para todos. Solo así es posible cumplir el mandamiento nuevo de Jesús: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”.

Tiferet es pues el Centro Crístico del Arbol. Cristo y todos los dioses solares sacrificados se ubican aquí. Dion Fortune explica que Kether es metafísico, Tiferet místico y Yesod psíquico. La experiencia mística es siempre una experiencia de Unidad con la Divinidad. De hecho, la Trinidad cristiana se representa en estas sefirot: Kether es el Padre, Tiferet el Hijo, y Yesod el Espíritu Santo. Realmente cada sefirá es el reflejo de la anterior. Tiferet lo es de Kether, de ahí “El Padre y Yo somos Uno”, pues el núcleo de la experiencia mística es esta identidad básica con la Divinidad. Mientras que Yesod es el reflejo de Tiferet, como la luna lo es del sol, planetas atribuidos a ambas. Y ciertamente solo a través del Hijo se llega al Padre, y el sendero que une las sefirot de Kether y Tiferet es La Sacerdotisa, cuyo atributo principal es la intuición, es decir: la recepción directa del conocimiento sin intervención de la mente. La etimología (del latín intueri “mirar hacia dentro” o “contemplar”) nos remite a la importancia que tiene centrar el foco de atención dentro de nosotros, lo que  pretende en cualquier tradición la técnica meditativa. De este modo será posible escuchar la voz de nuestro Satguru, el Maestro Interior, y conocer nuestra verdadera naturaleza. Esta escucha no es sensorial, pues la voz interior no se oye con los oídos físicos, sino con el oído interno, y es lo que suele conocerse como “escuchar la voz del corazón”. Es importante subrayar que la consciencia superior nunca es psíquica, sino siempre intuitiva, y no contiene imágenes sensorias. Tiferet se encuentra, junto con Jesed y Guevuráh, en el Nivel de la Creación (Briah), que corresponde al plano mental, mientras que las imágenes sensorias pertenecen al plano astral, o plano psíquico, al Mundo de Yetziráh, dónde radican las sefirot inferiores de Netzaj, Hod y Yesod.

El Sefer Yetziráh llama a Tiferet “La Inteligencia Mediadora”. Tiferet recibe influjo de las sefirot superiores (Kether y Daat) y de las inferiores (Yesod y Malkut) y debe mediar entre ambas, traducir lo transpersonal a personal y viceversa, y esto no siempre es fácil, pero en ello radica el equilibrio del eje vertical del Arbol de la Vida, correspondiente al Pilar Central o del Equilibrio. Visto desde Kether, Tiferet es el Hijo, pero visto desde Malkut es el Rey. Precisamente “Malkah”, la Desposada, es un título de Malkut, y Melekh, el Rey, lo es de Tiferet. Y este matrimonio debe estar en buena armonía. Armonía deriva del griego (harmonía), y significa “acuerdo, concordancia”, y éste del verbo (harmozo): “ajustarse, conectarse”. La conexión entre el Cielo (Kether) y la Tierra (Malkut) depende de Tiferet.


En el cuerpo humano Tiferet se corresponde con el pecho, en dónde se encuentra el plexo cardiáco, cuyo campo electromagnético es cinco mil veces más potente que el cerebral. Se ha comprobado que el grado de coherencia de la actividad cardiáca es una medida objetiva de estados interiores, siendo el estado de amor impersonal el que corresponde a una mayor coherencia. Este patrón armónico puede llegar a traducirse en una capacidad de sanar. Jesús era capaz de sanar, y lo es cualquiera que pueda encontrarse en ese estado y canalizar la energía de la Fuente. No otra cosa hace, por ejemplo, el Reiki. Por otra parte en el plexo cardiáco se encuentra la glándula timo, del griego (thýmos), que significa “energía vital”. Esta glándula es esencial para el sistema inmunológico y al parecer se activa o desactiva según nuestro estado de ánimo. Es elocuente el hecho de que alcance su mayor desarrollo en la pubertad y vaya atrofiándose poco a poco desde entonces. Evidentemente el niño y el adolescente están más conectados con su ser genuino, mientras que el adulto, ocupado en desarrollar una personalidad (Yesod) que le procure una buena posición en el mundo (Malkut), acaba por olvidarse de quién es realmente, para acabar identificándose con el personaje que  representa en la sociedad.

El hexagrama, símbolo de la sexta sefirá
SEFIRA: Tiferet, תפארת, Belleza, Armonía.

POSICION EN EL ARBOL: La esfera amarilla en medio del Pilar Central.

NOMBRES DIVINOS:

Elohim,אלהים  , Dios Creador, el primer nombre divino que aparece en la Bíblia.

Ejad hu Elohim, אלהים הוא אחד, Solo El es Dios
Yehova Eloha ba Daat, בדעת אלוה יהוה , Dios manifestado en la esfera del Conocimiento.

TITULOS DE LA SEFIRA:  Zebul,זבול , el Cuarto Cielo.

ARCANGEL: Rafael, רפאל , que significa “Dios cura”, regente de la esfera en el Mundo de la Creación.

ORDEN ANGELICO: Melekim, מלכים , Reyes, regentes de la esfera en el Mundo de la Formación.

CHAKRA MUNDANO: Shemesh, שמש , el Sol. Regente de la esfera en el Mundo de la Acción.

CHAKRA HUMANO:  Anahata, chakra del corazón.

IMÁGENES MAGICAS ASOCIADAS: Un niño. Un dios que se sacrifica. Un rey majestuoso. Como Centro Crístico del Arbol presenta las 3 imágenes asociadas a Jesús: el Niño en la cuna, el Crucificado y Cristo Rey.

SIMBOLOS: El hexagrama o Estrella de David. La Rosa Cruz. El cubo. La cruz del calvario. El Lamen.

EXPERIENCIA ESPIRITUAL: Visión de la Armonía de las cosas. Misterios de la crucifixión.

VIRTUD: Devoción a la Gran Obra. Amor impersonal.

VICIOS: Orgullo.

EN EL CUERPO HUMANO: El pecho. El corazón. El timo.

COLORES: Rosado claro en Atziluth, amarillo oro en Briah, salmón muy vivo en Yetzirah, ámbar dorado en Assiyah.

TAROT: Los 4 seises.

ELEMENTO: Agua como potencialidad, Aire como expresión.

POLARIDAD: Positiva.

METAL ASOCIADO: Oro. Este metal, por su inalterabilidad, al ser incorruptible e inoxidable, ha simbolizado siempre lo más valioso.

SIGNIFICADOS: El Centro de la Individualidad. El sentimiento “Yo Soy”. La Belleza. La Armonía. El Equilibrio. El Centro Mental Superior, asociado a la intuición.


El saludo hindú Namasté con las manos unidas sobre el pecho y la cabeza inclinada se dirige a Tiferet, pues una traducción literal sería “Rindo homenaje a tu Ser Interior”.



“Para aquellos que viven en el Sí mismo como la belleza exenta de pensamiento,
no hay nada que deba pensarse. Eso a lo que hay que adherirse es solo la experiencia del silencio,
debido a que en ese estado supremo no existe nada que alcanzar más que uno mismo”
Ramana Maharsi

“Hombre conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses”
Oráculo de Delfos



3 comentarios:

  1. Me sirvió de mucho para entender por lo menos en principio a Tiferet. Gracias.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias a ti por tu reconocimiento.

    ResponderEliminar
  3. Gracias por la explicación... Me gustaría estudiar más a Hod...

    ResponderEliminar