lunes, 26 de noviembre de 2018

La Leyes Universales y la Cábala


La existencia del concepto de Leyes Universales, como principios generales que rigen toda la manifestación, es de una antigüedad imposible de precisar y constituye la base de la filosofía hermética. El hermetismo está asociado a un hombre que, según se cree, vivió en Egipto, contemporáneo a Abraham, y al que egipcios deificaron bajo el nombre de Thot y los griegos conocieron como Hermes Trismegisto.

Hermes Trismegisto significa Hermes el tres veces grande. Para el filósofo italiano Marsilio Ficino, ese título se debe a que era el mejor filósofo, el mejor sacerdote y el mejor rey, si bien él afirma que se debe a que posee tres partes de la sabiduría: alquimia, astrología y teúrgia. Es a Hermes Trismegisto a quien se supone la autoría de la llamada Tabla Esmeralda, que enuncia uno de los principios universales: “Lo que está abajo es similar a lo que está arriba”. También ha sido atribuida al místico pagano del siglo I Apolonio de Tiana. Algunos místicos judíos piensan que la escribió Seth, un hijo de Adán, que Noé las subió al arca y, cuando terminó el diluvio, las escondió en una cueva cerca de Hebrón. Carl Gustav Jung identificó la Tabla de Esmeralda con una mesa hecha de piedra verde que vio en una serie de sueños y visiones. La fascinación de Jung por ésta tabla se explica por la conexión que veía entre la tradición gnóstica y hermética y el inconciente colectivo como contenedor de símbolos y arquetipos compartidos por toda la humanidad. La importancia de bucear en el inconsciente colectivo para extraer la sabiduría arcana se resume en este aforismo de Jung: “Ningún árbol, suele decirse, crece hasta el cielo sin que sus raíces alcancen el infierno”.


La Tabla Esmeralda
¡Es verdad! ¡Es cierto! ¡Es la verdad plena!

Lo que está abajo es igual a lo que está arriba, y lo que está arriba es igual a lo que está abajo, para que se cumplan los milagros del Único.

De la misma manera que todo fue engendrado del Único por un solo intermediario, de igual manera todo ha nacido del Único por transmisión.

Su Padre es el Sol, su Madre la Luna, el Aire lo ha llevado en su seno, la Tierra es su nodriza.

El Padre de todos los Talismanes del mundo es omnipresente.

Su Fuerza, cuando es utilizada en la Tierra, permanece inmaculada.

Separa, lleno de amor, con gran comprensión y sabiduría, la tierra del fuego, lo sutil de lo que es duro, denso y sólido.

De la Tierra sube al cielo, después desciende de nuevo a la Tierra, tomando en ti mismo la Fuerza de lo alto y de lo bajo.

Así poseerás la gloria del mundo entero, de manera que todas las tinieblas se separarán de ti.

Ella es la Fortaleza más poderosa de todas las Fortalezas, pues triunfará sobre toda cosa sutil y penetrará toda cosa densa.

Así fue creado el mundo. De él, y de la misma manera, nacerán creaciones maravillosas.

Por eso se me ha dado el nombre de Hermes, el tres veces grande, porque poseo los tres aspectos de toda la sabiduría del mundo.


La principal obra atribuída a Hermes es el Corpus Hermeticum, un compendio de toda la filosofía hermética. Consiste en 24 textos escritos en griego que afirman ser meras traducciones del egipcio original, si bien expertos filólogos lo sitúan en los siglos II y III dc como redactados en griego directamente por varios autores. Cosme de Médicis recuperó 14 de los 24 manuscritos en 1463, y éstos fueron traducidos al latín por Masilio Ficino, gozando enseguida de gran prestigio entre filósofos como Pico de la Mirandola.

Caduceo de Hermes.
Un regalo de Apolo al dios griego.
Ya en el siglo XIX y siguiendo con esta tradición hermética surge El Kybalión, que resume las enseñanzas de Hermes. Se atribuye a un grupo anónimo de personas autodenominados Los Tres Iniciados. Estos autores que escribieron El Kybalión decidieron permanecer en el anonimato, lo que ha generado muchas especulaciones sobre quién escribió realmente el libro. La más popular es que está escrito por miembros de la Sociedad Teosófica, pues su traductor del inglés al español, Federico Climent Terrer,  fundó la Sociedad Teosófica en Barcelona, actuando por orden exclusiva de dicha sociedad.

Este texto establece cuáles son las 7 leyes por las que se rige el Universo, y que son las siguientes:


1. Principio de MENTALISMO: El TODO es mente; el Universo es mental
2. Principio de CORRESPONDENCIA: “Como arriba es abajo; como abajo es arriba
3. Principio de VIBRACIÓN: “Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra
4. Principio de POLARIDAD: 
Todo es doble; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse
5. Principio de RITMO:
 “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación
6. Principio de CAUSA Y EFECTO: “Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da una ley no conocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley”.
7. Principio de GENERACIÓN: “La generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos”.

Veremos cada uno de estos principios en los siguientes post. Pero antes enlazando con la Cábala y como pequeña introducción veamos cómo se reflejan algunos de estos principios en el Arbol de la Vida


La manifestación de todo el universo comenzó con un pensamiento: “Yo Soy”, por el que la divinidad inmanifestada del En Sof toma consciencia de Sí Misma y aparece la primera de las sefirot: Kether, cuyo nombre divino es “Yo Soy el que Soy”.
La Ley del Péndulo hace su aparición separando el aspecto Yin del Yang, las dos polaridades que se reflejan en las dos columnas del Arbol. Y la del Género se hace presente con la separación entre el aspecto masculino de la divinidad, la sefirá de Jokmáhy su aspecto femenino, la sefirá de Bináh. Todas las demás sefirot situadas en ambas columnas representan cada una de las polaridades en los ejes horizontales: Bien-Mal (Jesed-Guevuráh) y Mente-Emociones (Hod-Netzaj). El eje vertical en la columna central contiene los dos polos básicos de cénit: Kether, el Absoluto, y nadir: Malkut, el Mundo, referenciados a menudo como el Rey y la Reina.
La Ley de Correspondencia se refleja en el Arbol como Macrocosmos representando todo el universo manifestado, o como Microcosmos representando al propio hombre, como puede verse en la ilustración.
Por otra parte el Arbol no es algo estático e inmóvil, sino que está vivo, la emanación divina de la Fuente fluye por todas y cada una de las sefirot haciéndolas vibrar en mayor o menor intensidad.
En cuanto a la Ley de Causalidad, quién puede creer que las cosas suceden por azar? Cómo bien dijo Einstein: “Dios no juega a los dados”.




viernes, 4 de mayo de 2018

El significado oculto de la sangre


“El alma está en la sangre” (Levítico XVII,14)
“La sangre es un fluído muy especial” (Goethe, Fausto)

Pocas cosas tienen un simbolismo tan poderoso como la sangre, que evoca tanto la vida como la muerte, la unión como el confrontamiento, el linaje, la fertilidad, los sacrificios y muchos eventos relacionados con el hombre y su cultura desde el principio de los tiempos.
La sangre es un fluido que a nivel vital sustenta a la persona y le permite descargar lo que no le sirve, y a nivel espiritual, le permite conectar con la respiración; el puente de unión de la personalidad y la consciencia. Al inspirar fluimos hacia adentro para conectar con nuestro interior, y al espirar volvemos a las relaciones del mundo exterior, permitiéndonos así vivir en el mundo interior de las imágenes y el mundo exterior de los seres vivos. Milenios antes de que Ibn al-Nafis, Miguel Servet y William Harvey describieran la circulación de la sangre ya el Deuteronomio afirma que “la sangre es la vida”, o más literalmente “la sangre es nefesh”, el alma vital. Y compartiendo este alma vital con los animales, en el libro del Génesis Dios ordena a Noé que “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis”. 


Sangre y ancestros
Fausto firma su nombre con sangre
Un aspecto que siempre ha tenido gran importancia en todas las culturas es el del linaje, ligado a la sangre. Sin conocimiento del ADN o el código genético y en muy distintas civilizaciones, tanto en el tiempo como en el espacio, se ha venerado a los antepasados pues llevamos su misma sangre. Y para conservar un linaje determinado se ha practicado la endogamia, sagrada y real, por ejemplo entre los faraones de Egipto. Rudolf Steiner, fundador de la Antroposofía, escribió lo siguiente en El significado oculto de la sangre: En el reino humano, la sangre extraña mata lo que está íntimamente ligado a la sangre de la tribu; la clarividencia vaga y confusa. Nuestra conciencia de vigilia corriente es, por consiguiente, el resultado de un proceso destructivo. En el decurso de la evolución, la vida mental producida por la endogamia ha quedado destruida, pero la exogamia ha dado nacimiento al intelecto, a la amplia y clara conciencia de vigilia actual.”. Posteriormente, Steiner afirmá también que la sangre es la expresión material del yo superior o ego interno, y que ésta no puede plasmar algo diferente a lo que posee, y en su ya mencionado libro dice lo siguiente, refiriéndose al poder de la sangre según se refleja en la famosa novela Fausto del escritor alemán Goethe: “Fausto debe escribir su nombre con su propia sangre, no porque el Diablo sea enemigo de ella, sino, más bien porque desea obtener poder sobre la misma. Ahora bien, en ese pasaje se oculta una observación digna de tenerse en cuenta: que el que obtiene poder sobre la sangre de un hombre obtiene poder sobre el hombre mismo y que la sangre es un “fluido muy especial”. 


El corazón sede del alma

Y siendo el corazón el órgano que distribuye la sangre por todo el cuerpo, fue considerado en la antigüedad como la sede del alma para muchos pueblos, entre ellos los hebreos y egipcios, que extraían los órganos en el proceso de momificación excepto el corazón y los riñones. Incluso diferenciaban entre la víscera (haty) y la sede del alma (ib) en los jeroglíficos que describen la ceremonia del pesado del corazón en el juicio de Anubis
Desde la antigüedad, este órgano ha aparecido reflejado en diversas situaciones donde su representación ha llegado a caer en el mito y el misterio. Una de sus primeras manifestaciones conocidas data del final del período paleolítico, vista en el mamut de la cueva de El Pindal, en Asturias, pintura rupestre que muestra un gran corazón rojo pintado en el centro del animal. No se conoce si el hombre paleolítico lo pintó para señalar el lugar ideal para dirigir las flechas a fin de abatirlo, y hace pensar que quizá ya entonces existía la idea de que en el corazón estaba la fuente de la vida.

Entre las analogías simbólicas el simbolismo del corazón y de la rosa coincidieron en un punto de equivalencia. Cuando el corazón se ilumina, y es llenado por el conocimiento divino, se representa como una rosa de pétalos abiertos donde ha florecido la actualización de su naturaleza primordial. Otro símbolo relacionado con el corazón es el de la copa, recipiente de culto por excelencia, contenedor del Soma de los dioses hindúes o la ambrosía de las divinidades del Olimpo. En Egipto, el jeroglífico del corazón tiene la forma de un vaso. Y la copa nos remite al Grial conteniendo el líquido más sagrado, la sangre divina de Cristo y su acción redentora representada en la imagen del Sagrado Corazón. El Grial, como contenedor de la sangre divina, principio de vida, es el homólogo del corazón, y por consecuencia del centro.


Los sacrificios de sangre
“La sangre ha corrido, el peligro ha pasado” (Proverbio árabe)

En la sangre derramada vemos un símbolo perfecto de sacrificio. Todas las materias líquidas que los antiguos sacrificaban a los muertos, a los espíritus y a los dioses (miel, leche, vino) eran imágenes o antecedentes de la sangre, el más preciado don, facilitado en las esculturas clásicas por el sacrificio del cordero, el cerdo y el toro; y en las asiáticas, africanas y americanas, por los sacrificios humanos, como también en la Europa Prehistórica.
El sacrificio como ritual da un tremendo poder a las castas sacerdotales. A la hora de matar a un animal, en el momento del ritual, aquella persona que buscara el favor de los Dioses solía beber la sangre del animal, o pintarse la cara con ella.  Algunos sacerdotes en el mundo andino practicaron rituales de sangre vinculados con sacrificios humanos y de animales, o utilizaban el color rojo de algunos minerales a modo de sangre ritual. En la ceremonia del Triunfo en Roma el Pontifex Maximus pintaba de rojo el rostro del triunfador.


Sacrificando una vaca roja a Yahvé
El significado más primigenio del sacrificio debía ser la de aplacar la ira de los dioses. El sacrificio exige víctimas valiosas, como pueden ser los propios hijos; cuando los cartagineses vieron que estaban a punto de perder la guerra contra los griegos, los cartagineses, creyendo que habían despertado la ira de su dios Moloch, sacrificaron a decenas de niños como parte de una ofrenda. Este acto tuvo una peculiaridad: Se sacrificó no a los hijos de familias pobres sino a niños escogidos de entre las propias familias nobles de la ciudad. Este origen preciado de la víctima nos remite al sacrificio de Isaac: Dios ordenó a Abraham sacrificar a su hijo Isaac. Abraham obedeció a Dios, pero justo cuando Abraham estaba por sacrificar a Isaac, Dios intervino y proveyó un carnero para que muriera en lugar de Isaac (Génesis 22:10-13). La sangre era la expresión por excelencia de la fuerza vital, la cual podía tributársele a Dios en inmensas inmolaciones, tal y como la ordenada el rey sabio Salomón : “Entonces todos los hijos de Israel, viendo descender el fuego y la Gloria de Yahvé sobre la casa, se postraron sobre el pavimento, adoraron y alabaron a Yahvé: “Porque es bueno, porque es eterno su amor”. Luego el rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios a Yahvé. El rey Salomón ofreció en sacrificio 22000 bueyes y 120000 ovejas.”
Pero Yahvé no fue el único dios que recibió sacrificios, estuvieron también Baal, Marduk, Amón, Zeus, Júpiter, Viracocha, Quetzalcoatl y muchos otros más. De entre los mencionados, algunos exigían sacrificios humanos, y no solo de animales como los que pedía Yahvé. Así y por ejemplo, sobre el caso de la América Prehispánica: “El ofrecimiento sacrificial de humanos a un dios ha sido bien establecido sólo en pocas culturas. En lo que hoy es México la creencia de que el sol necesitaba de alimento humano condujo al sacrificio de miles de víctimas anualmente en los rituales del calendario azteca y nahua del maíz. Los incas ofrecían sacrificios masivos a la ascensión de un soberano.” (Enciclopedia Británica, 2007). Pero en situaciones desesperadas incluso la civilizada Roma recurría a sacrificios humanos; tras la hecatombre de Cannas se sacrificaron a Júpiter dos parejas de galos para obtener su favor contra Aníbal.

¿Por qué los dioses querían sangre? O mejor: por qué los humanos de muy diferentes épocas y culturas creían que su derramamiento era efectivo? Seguramente porque consideraban que la sangre era lo más preciado y precioso y que la hecatombe suponía un acto mágico, una especie de pacto con la divinidad para obtener su protección y sus favores. Este carácter sagrado de la sangre se ha utilizado en los llamados pactos de sangre, que han forjado alianzas de por vida y aún más allá si el pacto es con el diablo, pues la ecuación sangre = alma queda aquí bien representada, y el desdichado ha firmado con su propia sangre la venta de lo que ésta simboliza.
La primera plaga

La sangre también se relaciona con las maldiciones. En el libro del Exodo encontramos que la primera plaga de Egipto fue la de la sangre, Dios dio instrucciones a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra”(Exodo 7). Pero la maldición más terrible es la que encontramos en el Evangelio de Mateo cuando Pilatos se enfrenta a la ejecución de Jesús. Los supuestos escrúpulos del pretor romano ante la sentencia de un hombre justo le hacen lavarse las manos y atender la petición popular que pide la muerte de Jesús, y se hace decir a éstos: “Caiga sobre nosotros su sangre y sobre nuestros hijos”. Esta maldición ha caído en efecto sobre el pueblo judío, considerado deicida por los cristianos, descargando de responsabilidad a la autoridad romana, la única que de hecho podía sentenciar a la cruz. Las consecuencias históricas de esta supuesta automaldición son bien conocidas.


Un análisis cabalístico de la sangre

La sangre en hebreo es דם (dam). Las letras que componen la palabra hacen referencia al agua (ם mem) y a la palabra (ד dalet), lo cual sugiere un “agua que habla”, y así es pues el código genético se encuentra en los glóbulos blancos de la sangre, como también en otras células del cuerpo. La misma raíz la encontramos en palabras como tierra (אדמה adamah), el color rojo, tan relacionado con la sangre (אדום adom) y el primer hombre (אדם Adam). Hay también una similitud con mar (ים yam) y es que probablemente la sangre tenga su origen en el plasma marino, pues tanto el agua marina como la sangre comparten cierta estructura y cierto equilibrio interior en relación a sus elementos. El agua de mar es un plasma parecido a la sangre humana, pero es más salino, tiene más cloruro sódico que nuestra sangre.
Pero además de la composición química de la sangre y de su función de comunicación orgánica con todo el cuerpo, tanto para mantener la vida como para ponerla en peligro al transportar agentes patógenos, función ya reconocida en el Talmud: “Yo, la sangre, soy la causa principal de las enfermedades”, la sangre es el vehículo que porta la energía del Nefesh, el alma vital o alma vegetativa y que actúa como interfaz entre lo espiritual y lo físico.
La guematria de la palabra sangre דם es 44 (dalet=4, mem=40) y podemos relacionarla directamente por este valor con el Nombre Divino, יהוה, ya que sumando el valor del nombre de las letras que componen el Tetragrama obtenemos 44:


Iod (יוד) 20
He (הא) 6
Vau (וו) 12
He (הא) 6 

La suma de estos valores es igual a 44. Y si sumamos este valor 44 al valor del Nombre Divino que es 26 obtenemos 70, la guematria de sod (סוד) secreto. Este secreto tiene un aspecto digamos más obvio, como lo es el Brit Milah, literalmente “pacto de la Palabra”, la circuncisión: “Cortarán la carne de tu prepucio y ésa será la señal del pacto entre nosotros” (Génesis 17,13), un pacto que de algún modo es un pacto de sangre. El Zohar (II-41) afirma que la marca de sangre que hicieron los judíos en sus puertas durante la última plaga egipcia era la letra Iod (י) “para enseñar la marca del pacto sagrado”. ¿Estaba esta letra escrita con sangre? Lo más seguro es que sí, y eso recuerda al famoso dicho “la letra con sangre entra”, que es más literal de lo que parece si sabemos que Dios en ladino se decía “Dio”, y Dio (דיו) en hebreo quiere decir tinta. La expresión “sangre y tinta” (ודיו דם) suma también 70, que como hemos visto es el valor de secreto.

Los tres velos de la existencia negativa
Siguiendo con el secreto, vemos como después de la liberación del pueblo judío de su esclavitud en Egipto tras la décima y última plaga (Iod vale 10 por cierto), se encuentra con la tremenda barrera del Mar Rojo. En realidad el nombre de este mar es סוף ים, (Iam Soph, Mar de Juncos), pero es que la palabra סוף significa, además de junco o caña, límite. Y si sustituimos la palabra mar (ים) por אין nada, sin, obtenemos literalmente sin límites, ilimitado, סוף אין, Ain Soph, el Segundo Nivel de Inmanifestación, el Infinito del que emanan las diez sefirot.


Y si obtenemos la diferencia de la guematria de Iam Soph y Ain Soph:
סוף ים  = 196
סוף אין   = 207

207 – 196 = 11  El valor del nombre más oculto de Dios, las dos últimas letras del tetragrama:  יהוהוה vau(6) + He(5)


El Zohar en su Midrash del alfabeto hebreo y la creación, en que cada una de las 22 letras se presenta ante Dios suplicando “¡Crea el mundo a través de mí!”, estas dos letras, Vau y He, son apartadas de la tarea de la creación porque al formar parte del nombre más escondido de Dios no podían dedicarse al servicio mundano. Y aquí un sorprendente descubrimiento de mi maestro, Jaime Villarrubia, que encuentra estas dos letras representadas por su valor numérico en nada más y nada menos que el ARN y el ADN, los ácidos nucléicos que conforman el código genético.

Podemos representar los números 5 y 6 como las letras ו ה  en hebreo o V y VI romanos o en nuestra notación arábiga o bien en cualquier otro alfabeto, pero universalmente el concepto abstracto que suponen estos grafemas puede representarse por una figura geométrica, concretamente un pentágono y un hexágono.
Y esa es la estructura química de las bases que conforman el ARN y ADN. ¿Será esto una casualidad o la huella divina en nuestro programa genético?


Estructura de los ácidos nucléicos






martes, 26 de septiembre de 2017

Cábala y Psicología

El desarrollo es evolución, la evolución es trascendencia, la trascendencia tiene como meta final la Conciencia Superior. (Proyecto Atman – Ken Wilber )

La  palabra Psicología significa literalmente “estudio o tratado del alma”, del griego ψυχή,  psykhé, psique, alma y λογία, logía, tratado, estudio. El verbo griego ψύχω, psycho, significa “aire frío”. A partir de este verbo se forma el sustantivo ψυχή, que alude en un primer momento al soplo, hálito o aliento que exhala al morir el ser humano. Dado que ese aliento permanece en el individuo hasta su muerte, ψυχή pasa a significar la vida. En el momento de la muerte esta psique abandona el cadáver llevando después una existencia autónoma.

El mito de Psique narrado por Apuleyo (El asno de oro) muestra cómo Eros, hijo de Afrodita, se enamora de la hermosa y mortal Psiqué, pero prohibe a ésta conocer su verdadera identidad, y deben amarse en la oscuridad. Pero Psiqué que quiere conocer la identidad de su amado enciende una lámpara para verle, y al caer una gota de aceite sobre él Eros despierta y decepcionado la abandona. Para recuperarlo Psiqué debe enfrentarse a unas pruebas que inluyen su bajada al inframundo y que consigue llevar a cabo con la ayuda de Perséfone. Finalmente Eros la perdona y se casan con el beneplácito de Afrodita, y como regalo de bodas Zeus la hace inmortal.

El concepto actual de Psicología como ciencia se centra en el comportamiento humano y estudia los procesos mentales, las sensaciones, las percepciones y la conducta en relación con el medio ambiente físico y social que lo rodea. Dentro del paradigma materialista, tanto si el enfoque es cognitivo, conductista o psicoanalítico, la Psicología se centra en el estudio del complejo mental-emocional de la personalidad, ignorando la existencia de niveles transcendentes en el ser humano, niveles que sí son considerados en el enfoque de la Psicología Transpersonal. Naturalmente la Cábala, que incluye el nivel espiritual y la existencia del alma, está más cerca de este planteamiento, entendiendo que la mente no es sino una parte del alma, no  la propia identidad del individuo como comúnmente se cree. Y el crecimiento y desarrollo del individuo no termina en el yo personal, sino que continúa hasta alcanzar la Conciencia Superior, tal y como se afirma en El Proyecto Atman, la obra maestra de la Psicología Transpersonal en la que Ken Wilber expone la propia evolución de la conciencia encarnada en busca de Atman, el Ser Infinito.


 Volviendo a la Cábala, recordemos que el alma tiene en realidad 5 niveles de evolución que se relacionan con los diferentes niveles en el Arbol de la Vida:




Correspondencias

יחידה
Yejidáh: Unidad o singularidad. Esfera relacionada en el Arbol de la Vida: Kether

נשמה
Neshamáh: El alma propiamente dicha. Situada en el Arbol de la Vida en torno al Abismo y la No Sefirá Daat

חיה
Jayáh: El principio vital. En el Arbol de la Vida se sitúa en la Triada de la Etica, formada por Jesed, Guevuráh y Tiferet.
רוח
Rúaj: El aliento vital. En el Arbol de la Vida se sitúa en la Triada del Temple de Animo, formada por Hod, Netzaj y Yesod

נפש
Nefesh:El alma vegetativa, correspondiente en el Arbol de la Vida a la sefirá de Malkut.


Estos niveles del alma están presentes en cada uno de los seres humanos, pero no todos están actualizados, sino que depende del grado evolutivo del sujeto en cuestión. En la Cábala se habla de 3 niveles básicos de desarrollo:
Nivel Vegetal: La vida se centra en la supervivencia, la seguridad física y el mantenimiento básico. Este nivel es el primigenio de la humanidad, y en él no se da un desarrollo de la individualidad sino que se comparte una psique colectiva. En la actualidad sigue existiendo este nivel para una considerable parte del género humano, cuya identidad, imbricada en esta psique colectiva, se basa en la “tribu”, es decir; en el diferente pueblo o nación a que pertenece, y en su “alma común” o lo que definen los alemanes como Volksgeist (espíritu del pueblo), que determina unos rasgos comunes para los miembros de ese pueblo o nación, y a cuyo ideal tratan sus miembros de acomodarse, incluyendo la clase a que pertenecen. Todo ello determina el rol social, y así la gente responde en vestido, actitudes y modo de pensar a este rol ya predefinido.

Nivel Animal: A este grupo pertenecen aquellos cuya motivación principal es dominar y sobresalir sobre los demás. La ambición de mejorar se centra en objetivos puramente materiales, pero ya existe, a diferencia del conformismo del nivel vegetal. El desarrollo de la voluntad, necesaria para perseguir los objetivos marcados, es una evidente adquisición, así como el de una psique propia que persigue destacarse saliéndose de la identidad grupal. En el mundo de los negocios o de la política podemos encontrar a estos sujetos, e incluso en el lumpen, aunque también se da en cualquier ocupación, como el arte o la ciencia. A este grupo pertenecen los depredadores sin escrúpulos pero también muchas mentes notables  que han realizado grandes logros para la humanidad.

Nivel Humano: A este nivel pertenecen los sujetos más evolucionados y que han tenido ya muchas vidas, cuya principal motivación no se centra ya en la supervivencia ni el dominio, sino en encontrar el propósito de la existencia, no solo de la suya sino de todo el Universo. Los buscadores de la Verdad podríamos decir. En este nivel se transciende a la persona, con sus condicionantes socioculturales, para actualizar un psiquismo con individualidad propia, tomando de  las experiencias de esta vida y del conocimiento adquirido y recordado todo aquello que intuyen necesitan para cumplir su propósito. Como puede verificarse, hay muchos menos sujetos de este nivel, y entre ellos algunos  logran un desarrollo completo del potencial humano hasta llegar planos transpersonales y a la total realización, convirtiéndose en Maestros para la humanidad. Los que se encuentran en el principio del camino son los llamados discípulos, y la condición común a éstos es siempre el anhelo de transcendencia, la búsqueda de la Tierra Prometida.

El nivel vegetal corresponde a los niveles del alma nefesh y ruaj, el nivel animal además de nefesh y ruaj tendría un embrión de desarrollo de jayah, y el nivel llamado humano integraría todos los anteriores y alcanzaría el nivel de neshamá. El nivel último, yejidáh, sería ya suprahumano y al haber cruzado la barrera del Abismo la separación sujeto-objeto se habría superado alcanzando lo que podríamos llamar Realidad Ultima o Consciencia de Unidad.

En el gráfico tomado de la obra Sepher ha Neshamáh de Jaime Villarrubia podemos ver el paralelismo de los distintos niveles de desarrollo del alma con otros enfoques como los vehículos del Hinduísmo Vedanta, las diferentes mentes estudiadas por Aurobindo, la evolución del Yo desplegada en El Proyecto Atman de Ken Wilber y, finalmente, algunas de las distintas terapias desarrolladas por la Psicología, las cuales ocupan únicamente la zona sombreada, y en mayor o menor grado según su aplicación. La Consciencia de Unidad quedaría fuera de los enfoques psicológicos pues va más allá de la Individualidad y, por tanto, del dualismo, y como puede verse aunque las tradiciones sean muy distintas entre sí todas tienen en común la búsqueda experiencial de la Unidad.



Un recorrido por  diferentes enfoques de la Psicología
Paulov en su laboratorio
El paradigma cientifista que domina actualmente en la Psicología no incluye naturalmente nada que vaya más allá del nivel de la persona y, concretamente, de su conducta y de los procesos cognitivos, ya que no resulta objeto del método científico aquello que no pueda estudiarse en un laboratorio y se ajuste a un exhaustivo control. Es así que el Conductismo, cuyas hipótesis pueden verificarse utilizando ratones, se considere el enfoque más científico que puede ofrecer la Psicología por ser el más objetivo, es decir; por poder llegarse a un consenso absoluto sobre los resultados, ya que no intervendría ningún factor subjetivo. El estudio del aprendizaje a partir del condicionamiento clásico y operante ha tenido y sigue teniendo una enorme importancia y, por supuesto, resulta de gran interés pues es absolutamente funcional. ¿A quién no le suena el experimento del perro de Paulov? Reconocer como el cerebro asocia dos fenómenos distintos (salivar y el sonido de una campanilla) y responde de igual forma es un hallazgo importantísimo, por no hablar del papel del refuerzo o el castigo sobre la obtención o extinción de conductas que nos muestra el condicionamiento operante. Pero en mi opinión la conclusión más importante que se puede sacar de estos experimentos, y que la PNL (Programación Neuro Lingüística) ha desarrollado de modo muy eficaz, es la evidencia de que nuestro cerebro funciona exactamente como lo haría el hardware de un ordenador, ejecutando fielmente los programas que se le ordena ejecutar. El ordenador puede ser más o menos veloz  o tener más o menos memoria, pero su rendimiento estará sobre todo en función del software que se le introduzca, del mismo modo que nuestra genética quizá determine nuestro potencial en cuanto a inteligencia, pero el rendimiento puede ser pésimo si los condicionamientos mentales, determinados por nuestros sistemas de creencias, son como suele ser habitual, un compendio para fabricar siervos que no salgan del nivel vegetal y que sean simplemente funcionales al sistema, en fin; eso que se denomina educastración


Sigmund Freud
Al ampliar el ámbito de estudio a elementos que escapan de la conducta observable, como pueden ser los ya mencionados sistemas de creencias y las respuestas emocionales asociadas a los distintos eventos (y condicionadas por ese software que puede contener virus), aparecen teorías que quedan fuera del ámbito científico (por la estrechez del marco) y entre las que destaca por su notable influencia el enfoque psicoanalítico. El Psicoanálisis creado por Sigmund Freud fue una auténtica revolución en su momento y sin duda contiene hallazgos geniales, siendo el principal de todos ellos el descubrimiento del inconsciente.


Freud estudia el inconsciente individual como contenedor de todo aquello que ha sido reprimido desde la más tierna infancia y que procede de la capa más profunda de la mente, a la que denomina ello o id, y de la que parten las pulsiones más primitivas. En confrontación con este ello el super yo, parte del cual es también inconsciente, representa el “pepito grillo” guardián de las reglas y valores que han de acatarse y que tienen un origen cultural. Ampliando este concepto su discípulo Carl Gustav Jung introduce el inconsciente colectivo en el que habría que situar las vivencias comunes a toda la humanidad y que se transmiten hereditariamente. Todos estos enfoques psicológicos tienen como eje la personalidad y abarcarían hasta el nivel que Ken Wilber llama egoico. Cabalísticamente supondrían un desarrollo que no transciende a la Triada de la Inserción en el Mundo, con el centro en la sefirá de Yesod recibiendo los influjos del mundo emocional (Netzaj) y de la mente concreta (Hod) y con la base física en Malkut. En cuanto a los niveles del alma abarcaría el dominio de Nefesh (que Shimon Halevi identifica con el id de Freud) y Ruaj. Más allá de este complejo cuerpo-mente Jung introduce el concepto de sí mismo y el llamado proceso de individuación para alcanzarlo, y que supondría la realización de la unicidad del individuo mediante la ampliación de la conciencia.

Carl Gustav Jung
“La individuación es tornarse Uno consigo mismo y, al mismo tiempo, con toda la humanidad en la que también nos incluímos” (Jung 1945).
En este proceso sería imprescindible la integración de la sombra, ese “lado oscuro” de nosotros mismos que rechazamos y generalmente proyectamos en los demás.
Uno no se ilumina imaginando figuras de luz sino haciendo consciente  la oscuridad, un procedimiento, no obstante, trabajoso y, por tanto, poco popular”.

Esta concepción de Jung nos acerca cabalísticamente al nivel de la sefirá de Tiferet, que es en el Arbol de la Vida el nivel más alto que puede alcanzar la individualidad. Más allá y atravesado el Velo del Templo nos encontramos con el ámbito transpersonal.
En la década de 1960 surge una nueva visión con la Psicología Humanista (Maslow, Rogers, Frankl y otros). Considerando que el ser humano tiene un potencial que va más allá de la personalidad manifiesta, este enfoque se centra en ayudar al mayor despliegue de la persona, incluyendo en ello su búsqueda de un sentido trascendente en relación a la realidad y a su propia vida. Por otra parte el advenimiento de conocimientos desde Oriente (meditación, yoga, zen etc) ampliaron el paradigma de la Psicología incorporando el aspecto espiritual del ser. Así nace la Psicología Transpersonal, superando la creencia de que el desarrollo psicológico cesa al acceder a la madurez, el enfoque centrado en los estados patológicos del desarrollo y la suposición sobre los estados no ordinarios de conciencia y las experiencias místicas como patologías. Con el estudio del desarrollo humano más allá del ego, la Psicología Transpersonal afirma la posibilidad de totalidad y autotrascendencia.
Ken Wilber
Como principal representante de esta corriente y de la llamada Psicología Integral se encuentra Ken Wilber. Wilber propone un modelo con nueve niveles o estadios básicos del desarrollo de la conciencia (pre-personal o pre-egóico, personal o egóico y transpersonal o trans -egóico) con sus psicopatologías y tratamientos asociados. La obra de Wilber supone una síntesis espléndida de las grandes tradiciones psicológicas, filosóficas y espirituales que constituyen la "Sabiduría Perenne", incluyendo la Cábala. Sus principales obras, La Conciencia sin fronteras y El Proyecto Atman hacen un recorrido completo del desarrollo del ser humano, con la premisa de que todo individuo intuye que su naturaleza esencial es lo infinito y lo eterno, la Totalidad, Atman en suma, y a ella se encamina.  
El enfoque transpersonal transciende la individualidad y abarca los niveles superiores del Arbol de la Vida, hasta la sefirá de Kether, e incluso más allá de la manifestación, hasta el propio En Sof o lo que el budismo mahayana conoce como Sunyata, la vacuidad, la fuente y base de lo manifiesto. Es otro nombre para lo que es sin ningún tipo de nombre la Realidad Suprema.


Etapas de desarrollo y Arbol de la Vida

Tras la breve exposición sobre los enfoques de la Psicología volvemos a la visión propiamente cabalística subrayando la premisa principal: Para la Cábala todo es alma, incluso el cuerpo (nefesh), y la mente es una parte del alma. El alma se encarna con una misión a cumplir (tikkún), de modo que su destino en esta vida está predeterminado y las condiciones que se encuentra para ello son las apropiadas para desenvolver todo el potencial necesario que requiera el cumplimiento de su tikkún. Si tras desencarnarse éste no se ha cumplido habrá más oportunidades, todas las que sean necesarias, para ello existe el Guilgul (reencarnación). Cuando el tikkún se cumple cesa para el alma la necesidad de encarnar pues ha cumplido su misión específica y ha alcanzado el más elevado grado de espiritualidad (Yejidáh).

Tras el parto tienen lugar los llamados “días de sabiduría”, pues el bebé aún conserva una psique adulta y  abandona con frecuencia el pequeño e incómodo vehículo de que dispone, pues la conexión psique-cuerpo aún es muy frágil. Pero la realidad física acaba imponiéndose y todo su conocimiento adulto se “sumerge” en el inconsciente, así como los recuerdos de pasadas vidas. El instinto de supervivencia se impone y la “psique inquilina” se consagra por completo a su primer objetivo que se centrará en la alimentación.
La primera fase es una fase motora-sensorial, y en ella el desarrollo psíquico se relaciona con el conocimiento físico del propio cuerpo y del medio en que se desenvuelve. En esta fase se desarrollan los instintos más arcáicos, dando lugar al id-nefesh (concepto que fusiona el alma vegetativa con el Id freudiano). En esta fase se dá la primera diferenciación básica entre “yo” y “no-yo”, cuando el bebé comprende su dependencia de algo ajeno y que no puede controlar: el pecho de la madre en primer lugar y luego la propia madre. Todo ello se desarrolla en el dominio de una sefirá: Malkut.

La dolorosa impotencia de saberse tan dependiente en su integridad física se resuelve en una etapa de narcisismo que es esencial para el desarrollo, pues formará la imagen yesódica que será la base de la identidad posterior. Entramos pues en el dominio de Yesod en el que aparecerán desde los símbolos más básicos hasta la fantasía más desbordada que se expresará en los cuentos infantiles y en los dibujos. Esta etapa se corresponde con la primera infancia y con la infancia de la humanidad, en la que los hombres veían dioses y espíritus por doquier.

La entrada en la escuela y el periodo en que comienza la educación pone de manifiesto las cualidades analíticas de Hod, pues a los símbolos yesódicos le siguen los conceptos, letras y números y el desarrollo del pensamiento abstracto. La adquisición de habilidades concretas permite a la psique desarrollar la Triada de la Lógica (Hod-Yesod-Malkut). Los juegos se hacen más competitivos y se desarrolla un mayor interés por el mundo exterior.

Este desarrollo revela la progresión en el Arbol, desde la etapa lunar de Yesod hasta la retracción de la sexualidad en Hod, dónde la actividad mercuriana permite el aprendizaje y desarrollo de la mente concreta. 
La entrada en la pubertad marca la fase siguiente, dominada por Netzaj. Comienza el despertar al amor y a las pasiones en paralelo al despertar de la sexualidad. Aparecen fuertes sentimientos hacia amigos y enemigos y los primeros enamoramientos. La Triada de la Iniciativa (Yesod-Netzaj-Malkut) marca un fuerte impulso hacia el futuro, un futuro idealizado pero que pone en juego el potencial de la psique para imaginar objetivos y el desarrollo de la identidad para obtener recursos que permitan conseguirlos, aunque sean solo pequeñas metas como organizar actividades con los amigos.


El Ukuli Bula (salto de las vacas)
Estas fases completan la gran triada vegetal: la Triada de la Inserción en el Mundo (Hod-Netzaj-Yesod), y cuyo pasaje se considera un pasaje al mundo adulto, marcado éste con los llamados “ritos de paso”, ritos por los que el adolescente ingresa como miembro de pleno derecho de su sociedad.
El desarrollo psíquico muy a menudo termina aquí, con la integración de los valores sociales y la adquisición de un papel concreto muy condicionado por el entorno social.



Para aquellos que se ven impulsados más allá de las exigencias convencionales y buscan un mayor acrecentamiento del yo o un conocimiento más completo del mundo que les rodea y de sí mismos el desarrollo continúa en la Triada del Despertar (Hod-Netzaj-Tiferet).
El contacto con Tiferet produce una intensa conciencia del mundo circundante y de sus imperfecciones y un gran anhelo de verdad, centrado en un deseo de encontrarse a sí mismo. El adolescente se ve impulsado por esta demanda interior, pero en su inmadurez pone su atención en Yesod buscando su identidad. Si es ambicioso la fantasía yesódica es ser el número uno y destacar en algún ámbito sobre los demás. Con mucho esfuerzo y las aptitudes apropiadas algunos lo consiguen, otros se conforman con integrarse en puestos menos relevantes y aún algunos se aferran a sus sueños incumplidos y se pierden tanto para sí mismos como para la sociedad. Menos frecuentes son aquellos que perciben que la vida es algo más que crear un hogar o tener éxito y buscan, a menudo sin saber qué, mientras otros ya han avanzado en su integración en la sociedad. Estos outsiders difieren del resto en que reconocen la existencia de una vida interior u otra vida, recordando quizá vagamente que proceden de otro lugar y que están aquí para hacer algo. 

Tras pasar su juventud en la Triada del Despertar la mayoría de la gente retrocede a una posición óptima en las subtriadas inferiores centradas en el ego yesódico. Pero algunos outsiders, intuyendo que existen otras etapas de desarrollo, no retroceden sino que mantienen su conexión con Tiferet buscando establecerse en lo que Jung denominó el Sí Mismo. De entre ellos solo unos pocos conseguirán ir más allá, al ámbito transpersonal de las Triadas superiores, más allá del Bien y del Mal (Jesed Guevuráh), más allá de la dualidad Sujeto y Objeto (Daat y Abismo), más allá del Espacio y el Tiempo (Jokmáh Bináh), para unirse al Absoluto en Kether.


Este viaje del alma lo ejemplifica maravillosamente mi maestro Jaime Villarrubia con la metáfora de la Danza de los Siete Velos, que simbolizan los siete niveles del Arbol de la Vida:



"Tras encarcelar a Juan el Bautista la hija de Herodías, Salomé, baila para Herodes quien, entusiasmado por su danza le concede lo que desee, y ella le pide la cabeza del Bautista. En su singular danza se desvelan siete misterios encerrados en los siete niveles del Arbol de la Vida, que de abajo arriba son:"

1º Nivel: Malkut, el mundo material. Cae la no-verdad de la materia, que no tiene existencia sustancial, pues realmente es un vacío.
2º Nivel: Yesod, el ego y la muerte. El ego no tiene existencia sustancial y la muerte no existe, pues la vida es eterna (sin tiempo).
3ºNivel: Hod-Netzaj, no hay contraposición entre mente y emociones, ambas se retroalimentan y tampoco tienen existencia sustancial. Al caer este velo se accede al subconsciente.
4º Nivel: Tiferet, la Individualidad. Velo muy difícil de arrancar pues la identificación es muy fuerte y las “fronteras” que nos separan del no-yo son a menudo inconscientes. Esta Individualidad no ha de ser eliminada, sino transcendida en un campo superior.
5ºNivel: Jesed-Guevuráh, Bien y Mal, Misericordia y Severidad, Expansión y Contracción.  Lo que consideramos bueno o malo es relativo siempre, a las circunstancias, a la perspectiva con que se juzga, a los valores etc. Expansión y Contracción  no son sino los latidos del universo, que no es una máquina sino que está vivo.
6ºNivel: Daat, la dualidad sujeto-objeto es sumamente difícil de arrancar, pues la Individualidad no ha desaparecido del todo y la dualidad es el principio en que se basa todo el universo manifestado. Si acaba la distinción entre yo y no yo. ¿Qué queda? Queda el Conocimiento, que nos retrotrae a sus gestores: Jokmáh y Bináh
7ºNivel: Jokmáh-Bináh, la ilusión del espacio y del tiempo es el último de los velos en caer. Salomé se muestra ya desnuda, en su espléndida belleza, y nos encontramos…el vacío. Los siete velos desvelados han hecho que quedemos sin cabeza, ראש בלי, (beli rosh), expresión cuyo valor es 543, el mismo valor que el nombre divino de la primera sefirá: Kether: אהיה אשר אהיה (Ehié Asher Ehié), Yo Soy El que Soy. Se explica así la afirmación de Jesús de Nazaret cuando dice: “El hijo del Hombre no tiene dónde posar su cabeza”, pues al ser “Uno con el Padre” su cabeza (sus contenidos mentales) es puro vacío, es de todas partes y de ninguna.