viernes, 7 de febrero de 2020

Equilibrio y desequilibrio en el Arbol de la Vida

El Arbol de la Vida como diagrama esencial de la Cábala representa al mismo tiempo el Macrocosmos y el Microcosmos, al Universo y su génesis como Macrocosmos y al hombre como Microcosmos. El equilibrio o desequilibrio en el Arbol tiene relación, tanto en un caso como en otro, con el juego dialéctico de dar-recibir. Existe un paralelismo entre ambos en este aspecto básico: siempre el aspecto receptivo tiene que poder recibir las energías que le llegan del aspecto dador. Y podemos identificar ambos aspectos con lo masculino y lo femenino, no en absoluto desde el punto de vista de género, sino como lo dador (masculino) y lo receptivo (femenino).


Tomemos el ejemplo de lo que sucedió según Isaac Luria en la creación del universo, cuyo principio fue el TzimTzum זּוּם זּוּם  o retracción del Ein Sof a fin de crear un espacio vacío en el que puedan desarrollarse otros mundos. Estos mundos se crearán a partir de la Luz Infinita (Or), simbolizada por el Kav o Rayo Relampagueante que penetrará en ese vacío y necesitará de receptáculos (Cli) para contenerlo y dar lugar a cada dimensión o sefirá. Pues bien, en un primer intento, el llamado TzimTzum Aleph, los recipientes no pudieron contener esta Luz del Kav y se produjo la llamada "rotura de los recipientes" (shevirat-ha-kelim). Los pedazos rotos de esta fractura cósmica atraparon la luz divina, que quedó encerrada en los Cliphot, como “cara oscura” de las sefirot. Hubo claro está un segundo intento, pues si no no estaríamos aquí, el llamado TzimTzum Beth, cuyo éxito se basó en la restricción de la Luz que el Kav iba dejando en los recipientes que darían lugar a las sefirot a fin de que pudieran contenerla, evitando un choque frontal mediante un flujo progresivo de esa Luz. Todo ello nos muestra como el desequilibrio se produce cuando el aspecto receptor (las sefirot) no puede contener al aspecto dador (la Luz Infinita del Ein Sof), y como la restricción o, por decirlo de algún modo, rechazo de parte de la energía de esa Luz, es fundamental para que no se produzca el desequilibrio. 

El primer mundo que recibe la Luz del Infinito (Ein Sof) se denomina Adam Kadmon el Hombre Primordial, la forma arquetípica que permea el universo, equivalente al Purusha de los Vedas.  Adam Kadmon es el aspecto anterior a la polaridad masculino-femenina, ni siquiera todavía en potencia, pues solo hay distintas frecuencias de luz (Orot). A este primer mundo anterior a la manifestación de la dualidad le sigue Atziluth. El universo de Atziluth es ese espacio de transición entre lo infinito y lo finito, es la configuración la las Orot (energías) que se dividen lentamente en aspectos dadores o masculinos (Or) y aspectos receptivos o femeninos (Cli). Y el resultado de esta división de energías es la primera manifestación de la dualidad en el universo, el juego del Yin-Yang como aspectos opuestos pero complementarios. Y podemos ver en el famoso diagrama taoísta que los representa como ambos aspectos contienen una parte del otro, lo que supone que ambos toman conciencia del otro dentro de sí mismos. La polarización de la energía se representa en el Arbol de la Vida como los pilares laterales, el derecho de color blanco como el aspecto Yang y el izquierdo de color negro como el aspecto Yin. Y las sefirot que las representan son Abba (Padre), Jokmáh, e Imma (Madre), Bináh, que junto con Kether forman el Arik Jampin o Gran Rostro. Estas sefirot no fueron afectadas por la reconfiguración del TzimTzum Beth


El despliegue de la información de Atziluth da lugar a los niveles de manifestación de Briáh, Yetziráh y Assiáh. Briáh como universo creado pertenece a Imma, mientras que Abba representa todo el potencial de Atziluth. Yetziráh configura el llamado Zeir Ampin (Rostro Menor) formado por las 6 sefirot de Jesed, Guevuráh, Tiferet, Netzaj, Hod y Yesod como dimensiones del mundo psíquico, mientras que Assiah da lugar al mundo físico de Malkut. Estos tres mundos se corresponden con los niveles del alma conocidos como Neshamáh (Briáh), Ruaj (Yetziráh) y Nefesh (Assiáh).


Partzufim o Rostros

Siguiendo con el aspecto de polarización de la energía en el Arbol tenemos tres tipos de sefirot:
Sefirot masculinas o expansivas: Se alinean en el Pilar Derecho y son: Jokmáh, Jesed y Netzaj.
Sefirot femeninas o receptivas: Se alinean en el Pilar Izquierdo y son: Bináh, Guevuráh y Hod.
Sefirot centrales: Se alinean en el Pilar Central y representan la conjunción de las sefirot masculinas y femeninas. Es el caso de Daat, Tiferet y Yesod. Kether es anterior a la polarización yin-yang y Malkut es la sefirot que recoge la energía de todas las anteriores.

Las sefirot se configuran en ejes dentro del Arbol de la Vida que serían los siguientes:


Ejes Horizontales:
Eje Jokmah-Binah: Polaridad Yin-Yang, Pasado-Futuro, Espacio-Tiempo, Energía-Materia.
Eje Jesed-Gevurah: Polaridad Bien-Mal, Expansión-Restricción.
Eje  Hod-Netzaj: Polaridad aspecto mental-aspecto emocional.
Ejes Verticales:
Eje Kether-Malkuth: Cielo-Tierra, Espíritu-Materia.
Eje Tiferet-Yesod: Individualidad-Personalidad, Yo Superior- Ego.


A su vez estas sefirot se configuran en Triadas en las que se manifestará la dialéctica entre aquellas opuestas. Nos centraremos en las Triadas Estructurales, que son las que se alinean en el Pilar Central o del Equilibrio. El resultado de la dinámica entre sefirot masculinas y femeninas dentro de su eje determina el equilibrio o desequilibrio de la sefirot resultante, así Daat resulta de la conjunción de Jokmáh y Bináh, Tiferet de la conjunción de Jesed y Guevuráh y Yesod de la conjunción de Netzaj y Hod. Malkut sería el resultado de esas sefirot alineadas en el Pilar Central.
Naturalmente no puede existir un equilibrio perfecto, pues en ese caso no habría dinámica alguna en el Arbol y eso es imposible, pues como representación del hombre siempre se manifestará algún aspecto imperfecto, ya que el ser humano como tal no es perfecto y de un modo u otro siempre “peca”, es decir; comete errores. Sin embargo esto no es óbice para que conozcamos y hagamos la corrección pertinente en aquellas dimensiones que muestran desequilibrio. Y por lo general éste se debe a un exceso o defecto de lo que representa la sefirot, que en síntesis sería un mal funcionamiento del dar-recibir como aspectos duales del juego yin-yang. Y en esta dinámica es preciso que el aspecto receptor (Cli) sea mayor que el aspecto dador (Or), es decir; el recipiente tiene que poder contener la energía que le llega para no romperse. En todo caso un cierto grado de desequilibrio es esencial pues representa el potencial para evolucionar.


Equilibrio del eje Jokmáh-Bináh

Triada de las Raíces
Para entender esta dinámica podemos imaginar que Jokmáh es la luz y Bináh la bombilla gracias a la cual podemos verla. Jokmáh es la sefirá que recibe la información del nivel más alto del alma, la Sabiduría que se recibe de modo intuitivo y directo proveniente de la Fuente del Absoluto, Kether. En el ser humano está representada por el hemisferio derecho, que es el holístico e intuitivo. La información que viene de Jokmáh proviene del nivel más alto del alma: Yejidáh, pero no es accesible mientras no tengamos abierto el cli de la conciencia. El hombre anhelante de luz siempre ha buscado conectar con este nivel, incluso mediante medios químicos. Sin embargo éstos abren la conciencia pero si no se integra la información recibida se producirá un desequilibrio que puede llevar a la locura. No en vano el Sendero de El Loco une las sefirot de Kether y Jokmáh. Para integrar esta información que Jokmáh transmite se necesita a Bináh. Esta sefirá actua como cli o receptáculo y lo hace estructurando dicha información mediante la limitación o restricción de esa energía para dar forma a nuevos contenidos. Esta elaboración puede compararse con una gestación, y como sabemos dicha gestación requiere una nueva dimensión: el tiempo. Bináh está representada por el hemisferio izquierdo, el secuencial y racional. El nombre de la sefirá: Entendimiento o Inteligencia, aclara perfectamente su función, pues sin estos atributos no es posible integrar la información recibida. Evidentemente a mayor inteligencia mayor cantidad de información se puede aprehender.


El desequilibrio en este eje se produce cuando Satán introduce un elemento que distorsiona a cualquiera de las sefirot. Entendamos aquí que Satán, como adversario del hombre, tiene una función concreta: dividir para que el hombre aprenda a unir. En Jokmáh Satán opera como Lucifer, te liquida por la luz, te ciega. Es la soberbia espiritual del que cree que ha alcanzado la iluminación y en realidad cae en la oscuridad por la luz, se ciega. En Bináh en cambio el personaje sería Lilith, mujer creada como pareja de Adán pero desechada por querer copular sobre él. ¿Qué nos dice esto? Que se pone la razón por encima de la intuición, y la razón no es un aspecto dador, sino estructurador. De modo que Lilith nos muestra una mente hiperracional y controladora que rechaza la información intuitiva. Aquí la soberbia radica en creer que la inteligencia humana lo es todo. Y la información que no se amolda a las rígidas estructuras mentales es desechada sin más. ¿A qué nos recuerda esto? Al dogmatismo de la ciencia que desprecia todo aquello que escapa a su control. El personaje de Eva representa en cambio a la razón que acepta los contenidos de la intuición (Adán), y cuya cópula da fruto: Daat, el Conocimiento. Un conocimiento que, en el momento en que se produce, debe desaparecer como entidad fija, hasta ser completado o sustituido por otro conocimiento nuevo. Por eso Daat no es una dimensión como las otras y se conoce como la no sefirá

La perfecta conjunción entre Jokmáh y Bináh se da cuando los dos hemisferios se integran totalmente. Si esto sucede la Luz baja directamente a través del vacío de Kether (Corona) y se produce la Iluminación. El sendero que une ambas sefirot se conoce como Viga de la Espiritualidad, y su arcano correspondiente es el número 3, La Emperatriz, que representa la integración de los opuestos. Las tres sefirot implicadas configuran la Triada de las Raíces, llamada así porque el Arbol de la Vida tiene sus raíces en el Cielo y su fruto, Malkut, en la Tierra.




Equilibrio del eje Jesed-Guevuráh
Triada de la Ética
El eje ético del Arbol de la Vida representa la necesidad de equilibrar la dimensión expansiva representada por Jesed con la dimensión restrictiva de Guevuráh. La sefirá de Jesed, que representa el amor y la misericordia, y metafóricamente se conoce como la mano derecha de Dios, el arquetipo de la Bondad suprema, concentra todas las modalidades de dar como manifestación de un sentimiento de abundancia que necesita expandirse. La hospitalidad, el humanitarismo, la generosidad, el dar sin pretender recibir nada a cambio, todas esas conductas que distinguen a un hombre bueno y que son sin duda admirables pueden llevar a un extremo si no se les pone límites, función que realiza Guevuráh con su aspecto restrictivo, poniendo coto a los excesos del buenismo que lleva con frecuencia a actuar a favor de otros pero en perjuicio de uno mismo. La necesidad de ser asertivo requiere decir que no a muchas demandas, de lo contrario somos utilizados en perjuicio no solo nuestro sino también de los que se aprovechan de nosotros. Dar de modo ilimitado a un receptor egoísta nos deja sin energía. Un ejemplo muy actual de la necesidad de poner límites es la educación que se está dando a los niños. Como los padres sufrieron un exceso de autoritarismo ahora se pasa al extremo contrario y los niños no reciben una corrección adecuada a sus actos, con lo que se convierten en pequeños tiranos. En Guevuráh está la disciplina, necesaria para cualquier actividad. Otro ejemplo sería la nutrición, un exceso de la expansión de Jesed llevaría a la glotonería, e incluso a la bulimia, y lógicamente será Guevuráh quien ponga los límites, que si son excesivos llevarían al extremo opuesto: la anorexia.

Para que se dé un equilibrio en este eje es preciso que el elemento dador (Jesed) pueda ser contenido, es decir; limitado, por el aspecto receptor (Guevuráh). En el Arbol de la Vida el sendero que une estas dos sefirot es conocido como Viga de la Individualidad, pues separa el aspecto personal en el Arbol del aspecto transpersonal, y corresponde al arcano de La Justicia, cuya misión es precisamente equilibrar ambos aspectos. Un ejemplo de ésto es el sistema inmunológico (Guevuráh) haciéndose cargo del crecimiento excesivo (Jesed) de las células que pueden derivar en un tumor.

El equilibrio entre Jesed y Guevuráh se manifiesta en Tiferet, cuyo significado: Belleza, Armonía, apunta a las cualidades que resultan de este equilibrio. En el centro del Arbol de la Vida, en Tiferet confluyen influencias de todas las sefirot, 8 de ellas conectadas directamente por los Senderos Subjetivos y la de Malkut de modo indirecto a través de Yesod. Las tres sefirot implicadas: Jesed, Guevuráh y Tiferet configuran la Triada de la Etica


 Equilibrio del eje Netzaj-Hod

Triada de la Inserción en el Mundo
Las anteriores sefirot citadas se encuentran más allá de la forma, en el plano transpersonal, a excepción de Tiferet, el centro de la Individualidad, que conecta ambos planos y se erige, o debería erigirse, en el director de orquesta del plano inferior, constituído por la Triada de la Inserción en el Mundo y cuyo centro es la sefirá de Yesod, la Personalidad. Aquí el eje se encuentra entre Netzaj y Hod, es decir; entre la dimensión emocional y la dimensión mental. En Netzaj comienza propiamente la manifestación de la multiplicidad, con una serie de energías que constituyen el combustible para la acción. Estas energías, las “Huestes”, que encontramos en el nombre divino de la sefirá: Eterno de las Huestes, son de naturaleza emocional y pasional, e incluso más concretamente sexual, entendiendo este término no como lo exclusivamente genital sino en un sentido más amplio como lo que Freud denominaba Libido. Es evidente que Netzaj es una sefirá expansiva, es decir; dadora, mientras que la sefirá receptora del eje es naturalmente Hod, la mente concreta. El aspecto restrictivo que ha de jugar Hod es esencial para que no se desborden las energías pasionales, y no hace falta comentar cual es el resultado si fracasa el pensamiento racional poniendo orden en las imperiosas energías con que cuenta la libido, y lo cierto es que a menudo, y la mayoría lo sabemos por experiencia, el “dique se rompe” y arrasa con todo. Un buen equilibrio en este eje permite que Hod pueda concretar los deseos expresados por Netzaj haciendo uso de eso que comúnmente se llama sentido común, y que es bastante poco común por requerir de una buena dosis de inteligencia. Este juego mental-emocional es recogido por la sefirá de Yesod, el centro de la Personalidad, el ego. La dialéctica psicoanalítica entre Ello (Netzaj), Superyó (Hod) y Yo (Yesod) es válida para explicar este eje en el que, naturalmente, el ego de Yesod ha de conciliar ambas exigencias. 

Pensamientos y emociones se retroalimentan y se comunican a través de la llamada Viga de la Personalidad, el Sendero XVI que corresponde al arcano del Tarot denominado La Torre. Recordemos que la palabra persona viene del latín “per sonare”, para sonar, en referencia a la máscara que se ponía el actor para representar su personaje y que también le permitía proyectar la voz en la representación. El arcano de La Torre nos muestra la destrucción de nuestra identificación con el personaje en momentos de graves crisis. Los personajes que caen representan a Netzaj (emociones) y Hod (pensamientos), el soporte de nuestra personalidad. Estas crisis, a veces muy duras, nos dan la oportunidad para un crecimiento evolutivo que nos permita poner nuestro centro en Tiferet en vez de en Yesod. Subrayando, eso sí, que no se trata de destruir el ego, sino de destruir nuestra identificación con ese ego que, junto con el cuerpo físico (sagrado como indica el nombre del arcano: La Maison Dieu) constituyen el vehículo transitorio con el que actuamos en el mundo físico de Malkut.

Ejes Verticales:
Equilibrio del Eje Kether-Malkut: Cielo-Tierra, Espíritu-Materia.

En el Pilar Central del Arbol este eje muestra los dos polos clásicos que representan las direcciones de Arriba (Cénit) y Abajo (Nadir), comúnmente denominados Cielo y Tierra, el Axis Mundi de muchas tradiciones. En el Arbol de la Vida se corresponden a las sefirot de Kether y Malkut. Recordemos que las raíces de este Arbol están en el Cielo, siendo el fruto la sefirá de Malkut, la tierra en el sentido amplio del mundo material. Existe aquí una evidente polaridad de género, siendo el cielo el polo masculino y la tierra el femenino, y por tanto; el dador es el cielo y la receptora la tierra. Y en la Cábala se los conoce como El Rey y La Reina, o El Rey y La Novia. Malkut es la morada de la Shekináh, la presencia divina en el mundo material, el aspecto femenino de Dios ya que el mundo material, desde las galaxias a las partículas subatómicas, recibe el Espíritu de Kether. “Es a través del aspecto femenino de Dios que los treinta y dos senderos se revelan a los justos. Los Tzadik-justos ascienden el sendero desde el Reino de Malkut (en el árbol Yetzirático es el lugar en el que mora la Shekinah o Presencia Divina), a través de Yesod-Fundamento hasta Tiferet-Belleza nos dice Ibn Gabirol. Este movimiento ascendente de Malkut a Kether se hace a través del llamado Sendero de la Flecha, que transcurre en el Pilar Central del Arbol pasando por las sefirot de Yesod, Tiferet y Daat, y trascendiendo las tres barreras que se asocian a estas sefirot: Queset, el Arco Iris (Yesod), Parojet, el Velo del Templo (Tiferet) y Teham, el Abismo (Daat). Este camino directo es el Sendero de la Iluminación, y las barreras son las tres pruebas fundamentales para llegar al Origen: trascender el Ego (Yesod), trascender la propia Individualidad (Tiferet) y trascender la dualidad básica sujeto-objeto (Daat). Pero siendo la gran metáfora evolutiva de la Cábala el ascenso del alma por el Arbol de la Vida, existe otro modo de llegar de Malkut a Kether que es recorriendo todos los senderos y accediendo a todas las sefirot. Este camino es el que representa Najushtan, la serpiente del Arbol que sube rodeando cada sefirá e integrando todo lo que ésta representa. Ambos caminos evolutivos contribuyen al Tikún Olam, el plan espiritual de evolución del mundo. 
La ruptura del equilibrio en este eje se manifiesta en la desconexión con la Fuente, Kether, de forma que lo que el Espíritu da en abundancia el mundo material de Malkut no lo recibe, merced a esta desconexión que no es sino el olvido de su Origen. El paradigma materialista en el que vivimos actualmente es un ejemplo de este desequilibrio en el que Dios es sustituído por el azar, y se vive únicamente dentro de la Triada de la Inserción en el Mundo, cuyo centro es Yesod, el Ego. Es la Edad de Hierro de la tradición, el Kali Yuga del hinduismo, el punto de mayor exilio del Espíritu.


Equilibrio del Eje Tiferet-Yesod: Individualidad-Personalidad, Yo Superior- Ego
También en el Pilar Central, y formando parte del Sendero de la Flecha, este eje interno comunica la sefirá central de Tiferet, como centro de la Individualidad, dentro de la dimensión mental de Briah, con la sefirá de Yesod, centro de la Personalidad, en la dimensión psíquica de Yetziráh. Para ilustrar la relación entre estas dos sefirot podemos referirnos a los astros asociados a cada una de ellas: el Sol para Tiferet y la Luna para Yesod. Evidentemente el sol juega un papel activo dando su luz, que la luna recibe y refleja iluminando la propia tierra, Malkut. Y del mismo modo que la luna es cambiante y por ello solo puede reflejar la luz al máximo en su fase de luna llena, Yesod, el ego, solo puede recibir la influencia de Tiferet cuando está alineado adecuadamente con ella. Y para ello lo primero es que el ego sepa que, al igual que la luna, carece de luz propia, y que tan solo puede reflejar la que le llega de un plano superior, dónde reside su verdadera  identidad, ese Centro al que todas las tradiciones espirituales se refieren, el Ser, el Yo Superior, el Sí Mismo etc. La receptividad de Yesod depende de este conocimiento, y a mayor receptividad mayor luz se puede recibir, la conexión será más fuerte y podremos oír esa voz interior que es nuestra guía. El desequilibrio surge cuando nos identificamos con  la personalidad, Yesod,  ignorando la dimensión superior de Tiferet. El ego, que como la luna no tiene luz propia y sólo puede reflejar la ajena, se convierte en señor de la casa, y toda la dimensión transpersonal del Arbol de la Vida permanece ignorada, quedando exiliados en la Triadade Inserción en el Mundo.

El Sendero que une a Tiferet con Yesod es el XIV, LaTemplanza, en la que vemos a un ángel mezclando el contenido de dos vasijas. El acto nos sugiere el modo en que un líquido se templa, mezclando lo frío con lo caliente, es decir; el líquido, las emociones, deben templarse si se quiere aspirar a un plano superior, el plano mental, sugerido por las alas del ángel, que nos remiten al elemento aire. Para acceder a Tiferet se requiere no solo una disposición receptiva, sino también un temple de acero, tal y como las espadas que portaban los templarios, llamados así por residir en el Templo de Salomón. En nuestro templo de Tiferet podremos comunicarnos con el Altísimo, Kether, y conocer lo que significa esa frase del Maestro: “El Padre y Yo somos Uno”.
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No olvidar que el equilibrio a lograr en cada eje del Arbol de la Vida no es un equilibrio estático, algo que sería inmovilista y no permitiría ninguna evolución. El verdadero equilibrio se consigue de un modo similar a montar en bicicleta, corrigiendo a cada momento el desplazamiento a izquierda o a derecha, y procurando no mirar atrás. Y, por supuesto, las caídas forman parte del proceso. Lo único que hay que hacer es levantarse y seguir hacia delante.




lunes, 26 de noviembre de 2018

La Leyes Universales y la Cábala


La existencia del concepto de Leyes Universales, como principios generales que rigen toda la manifestación, es de una antigüedad imposible de precisar y constituye la base de la filosofía hermética. El hermetismo está asociado a un hombre que, según se cree, vivió en Egipto, contemporáneo a Abraham, y al que egipcios deificaron bajo el nombre de Thot y los griegos conocieron como Hermes Trismegisto.

Hermes Trismegisto significa Hermes el tres veces grande. Para el filósofo italiano Marsilio Ficino, ese título se debe a que era el mejor filósofo, el mejor sacerdote y el mejor rey, si bien él afirma que se debe a que posee tres partes de la sabiduría: alquimia, astrología y teúrgia. Es a Hermes Trismegisto a quien se supone la autoría de la llamada Tabla Esmeralda, que enuncia uno de los principios universales: “Lo que está abajo es similar a lo que está arriba”. También ha sido atribuida al místico pagano del siglo I Apolonio de Tiana. Algunos místicos judíos piensan que la escribió Seth, un hijo de Adán, que Noé las subió al arca y, cuando terminó el diluvio, las escondió en una cueva cerca de Hebrón. Carl Gustav Jung identificó la Tabla de Esmeralda con una mesa hecha de piedra verde que vio en una serie de sueños y visiones. La fascinación de Jung por ésta tabla se explica por la conexión que veía entre la tradición gnóstica y hermética y el inconciente colectivo como contenedor de símbolos y arquetipos compartidos por toda la humanidad. La importancia de bucear en el inconsciente colectivo para extraer la sabiduría arcana se resume en este aforismo de Jung: “Ningún árbol, suele decirse, crece hasta el cielo sin que sus raíces alcancen el infierno”.


La Tabla Esmeralda
¡Es verdad! ¡Es cierto! ¡Es la verdad plena!

Lo que está abajo es igual a lo que está arriba, y lo que está arriba es igual a lo que está abajo, para que se cumplan los milagros del Único.

De la misma manera que todo fue engendrado del Único por un solo intermediario, de igual manera todo ha nacido del Único por transmisión.

Su Padre es el Sol, su Madre la Luna, el Aire lo ha llevado en su seno, la Tierra es su nodriza.

El Padre de todos los Talismanes del mundo es omnipresente.

Su Fuerza, cuando es utilizada en la Tierra, permanece inmaculada.

Separa, lleno de amor, con gran comprensión y sabiduría, la tierra del fuego, lo sutil de lo que es duro, denso y sólido.

De la Tierra sube al cielo, después desciende de nuevo a la Tierra, tomando en ti mismo la Fuerza de lo alto y de lo bajo.

Así poseerás la gloria del mundo entero, de manera que todas las tinieblas se separarán de ti.


Ella es la Fortaleza más poderosa de todas las Fortalezas, pues triunfará sobre toda cosa sutil y penetrará toda cosa densa.

Así fue creado el mundo. De él, y de la misma manera, nacerán creaciones maravillosas.

Por eso se me ha dado el nombre de Hermes, el tres veces grande, porque poseo los tres aspectos de toda la sabiduría del mundo.


La principal obra atribuída a Hermes es el Corpus Hermeticum, un compendio de toda la filosofía hermética. Consiste en 24 textos escritos en griego que afirman ser meras traducciones del egipcio original, si bien expertos filólogos lo sitúan en los siglos II y III dc como redactados en griego directamente por varios autores. Cosme de Médicis recuperó 14 de los 24 manuscritos en 1463, y éstos fueron traducidos al latín por Masilio Ficino, gozando enseguida de gran prestigio entre filósofos como Pico de la Mirandola.

Caduceo de Hermes.
Un regalo de Apolo al dios griego.
Ya en el siglo XIX y siguiendo con esta tradición hermética surge El Kybalión, que resume las enseñanzas de Hermes. Se atribuye a un grupo anónimo de personas autodenominados Los Tres Iniciados. Estos autores que escribieron El Kybalión decidieron permanecer en el anonimato, lo que ha generado muchas especulaciones sobre quién escribió realmente el libro. La más popular es que está escrito por miembros de la Sociedad Teosófica, pues su traductor del inglés al español, Federico Climent Terrer,  fundó la Sociedad Teosófica en Barcelona, actuando por orden exclusiva de dicha sociedad.

Este texto establece cuáles son las 7 leyes por las que se rige el Universo, y que son las siguientes:


1. Principio de MENTALISMO: El TODO es mente; el Universo es mental
2. Principio de CORRESPONDENCIA: “Como arriba es abajo; como abajo es arriba
3. Principio de VIBRACIÓN: “Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra
4. Principio de POLARIDAD: 
Todo es doble; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse
5. Principio de RITMO:
 “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación
6. Principio de CAUSA Y EFECTO: “Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da una ley no conocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley”.
7. Principio de GENERACIÓN: “La generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos”.

Veremos cómo se reflejan algunos de estos principios en el Arbol de la Vida


La manifestación de todo el universo comenzó con un pensamiento: “Yo Soy”, por el que la divinidad inmanifestada del En Sof toma consciencia de Sí Misma y aparece la primera de las sefirot: Kether, cuyo nombre divino es “Yo Soy el que Soy”.
La Ley del Péndulo hace su aparición separando el aspecto Yin del Yang, las dos polaridades que se reflejan en las dos columnas del Arbol. Y la del Género se hace presente con la separación entre el aspecto masculino de la divinidad, la sefirá de Jokmáhy su aspecto femenino, la sefirá de Bináh. Todas las demás sefirot situadas en ambas columnas representan cada una de las polaridades en los ejes horizontales: Bien-Mal (Jesed-Guevuráh) y Mente-Emociones (Hod-Netzaj). El eje vertical en la columna central contiene los dos polos básicos de cénit: Kether, el Absoluto, y nadir: Malkut, el Mundo, referenciados a menudo como el Rey y la Reina.
La Ley de Correspondencia se refleja en el Arbol como Macrocosmos representando todo el universo manifestado, o como Microcosmos representando al propio hombre, como puede verse en la ilustración.
Por otra parte el Arbol no es algo estático e inmóvil, sino que está vivo, la emanación divina de la Fuente fluye por todas y cada una de las sefirot haciéndolas vibrar en mayor o menor intensidad.
En cuanto a la Ley de Causalidad, quién puede creer que las cosas suceden por azar? Cómo bien dijo Einstein: “Dios no juega a los dados”.






viernes, 4 de mayo de 2018

El significado oculto de la sangre


“El alma está en la sangre” (Levítico XVII,14)
“La sangre es un fluído muy especial” (Goethe, Fausto)

Pocas cosas tienen un simbolismo tan poderoso como la sangre, que evoca tanto la vida como la muerte, la unión como el confrontamiento, el linaje, la fertilidad, los sacrificios y muchos eventos relacionados con el hombre y su cultura desde el principio de los tiempos.
La sangre es un fluido que a nivel vital sustenta a la persona y le permite descargar lo que no le sirve, y a nivel espiritual, le permite conectar con la respiración; el puente de unión de la personalidad y la consciencia. Al inspirar fluimos hacia adentro para conectar con nuestro interior, y al espirar volvemos a las relaciones del mundo exterior, permitiéndonos así vivir en el mundo interior de las imágenes y el mundo exterior de los seres vivos. Milenios antes de que Ibn al-Nafis, Miguel Servet y William Harvey describieran la circulación de la sangre ya el Deuteronomio afirma que “la sangre es la vida”, o más literalmente “la sangre es nefesh”, el alma vital. Y compartiendo este alma vital con los animales, en el libro del Génesis Dios ordena a Noé que “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis”. 


Sangre y ancestros
Fausto firma su nombre con sangre
Un aspecto que siempre ha tenido gran importancia en todas las culturas es el del linaje, ligado a la sangre. Sin conocimiento del ADN o el código genético y en muy distintas civilizaciones, tanto en el tiempo como en el espacio, se ha venerado a los antepasados pues llevamos su misma sangre. Y para conservar un linaje determinado se ha practicado la endogamia, sagrada y real, por ejemplo entre los faraones de Egipto. Rudolf Steiner, fundador de la Antroposofía, escribió lo siguiente en El significado oculto de la sangre: En el reino humano, la sangre extraña mata lo que está íntimamente ligado a la sangre de la tribu; la clarividencia vaga y confusa. Nuestra conciencia de vigilia corriente es, por consiguiente, el resultado de un proceso destructivo. En el decurso de la evolución, la vida mental producida por la endogamia ha quedado destruida, pero la exogamia ha dado nacimiento al intelecto, a la amplia y clara conciencia de vigilia actual.”. Posteriormente, Steiner afirmá también que la sangre es la expresión material del yo superior o ego interno, y que ésta no puede plasmar algo diferente a lo que posee, y en su ya mencionado libro dice lo siguiente, refiriéndose al poder de la sangre según se refleja en la famosa novela Fausto del escritor alemán Goethe: “Fausto debe escribir su nombre con su propia sangre, no porque el Diablo sea enemigo de ella, sino, más bien porque desea obtener poder sobre la misma. Ahora bien, en ese pasaje se oculta una observación digna de tenerse en cuenta: que el que obtiene poder sobre la sangre de un hombre obtiene poder sobre el hombre mismo y que la sangre es un “fluido muy especial”. 


El corazón sede del alma

Y siendo el corazón el órgano que distribuye la sangre por todo el cuerpo, fue considerado en la antigüedad como la sede del alma para muchos pueblos, entre ellos los hebreos y egipcios, que extraían los órganos en el proceso de momificación excepto el corazón y los riñones. Incluso diferenciaban entre la víscera (haty) y la sede del alma (ib) en los jeroglíficos que describen la ceremonia del pesado del corazón en el juicio de Anubis
Desde la antigüedad, este órgano ha aparecido reflejado en diversas situaciones donde su representación ha llegado a caer en el mito y el misterio. Una de sus primeras manifestaciones conocidas data del final del período paleolítico, vista en el mamut de la cueva de El Pindal, en Asturias, pintura rupestre que muestra un gran corazón rojo pintado en el centro del animal. No se conoce si el hombre paleolítico lo pintó para señalar el lugar ideal para dirigir las flechas a fin de abatirlo, y hace pensar que quizá ya entonces existía la idea de que en el corazón estaba la fuente de la vida.

Entre las analogías simbólicas el simbolismo del corazón y de la rosa coincidieron en un punto de equivalencia. Cuando el corazón se ilumina, y es llenado por el conocimiento divino, se representa como una rosa de pétalos abiertos donde ha florecido la actualización de su naturaleza primordial. Otro símbolo relacionado con el corazón es el de la copa, recipiente de culto por excelencia, contenedor del Soma de los dioses hindúes o la ambrosía de las divinidades del Olimpo. En Egipto, el jeroglífico del corazón tiene la forma de un vaso. Y la copa nos remite al Grial conteniendo el líquido más sagrado, la sangre divina de Cristo y su acción redentora representada en la imagen del Sagrado Corazón. El Grial, como contenedor de la sangre divina, principio de vida, es el homólogo del corazón, y por consecuencia del centro.


Los sacrificios de sangre
“La sangre ha corrido, el peligro ha pasado” (Proverbio árabe)

En la sangre derramada vemos un símbolo perfecto de sacrificio. Todas las materias líquidas que los antiguos sacrificaban a los muertos, a los espíritus y a los dioses (miel, leche, vino) eran imágenes o antecedentes de la sangre, el más preciado don, facilitado en las esculturas clásicas por el sacrificio del cordero, el cerdo y el toro; y en las asiáticas, africanas y americanas, por los sacrificios humanos, como también en la Europa Prehistórica.
El sacrificio como ritual da un tremendo poder a las castas sacerdotales. A la hora de matar a un animal, en el momento del ritual, aquella persona que buscara el favor de los Dioses solía beber la sangre del animal, o pintarse la cara con ella.  Algunos sacerdotes en el mundo andino practicaron rituales de sangre vinculados con sacrificios humanos y de animales, o utilizaban el color rojo de algunos minerales a modo de sangre ritual. En la ceremonia del Triunfo en Roma el Pontifex Maximus pintaba de rojo el rostro del triunfador.


Sacrificando una vaca roja a Yahvé
El significado más primigenio del sacrificio debía ser la de aplacar la ira de los dioses. El sacrificio exige víctimas valiosas, como pueden ser los propios hijos; cuando los cartagineses vieron que estaban a punto de perder la guerra contra los griegos, los cartagineses, creyendo que habían despertado la ira de su dios Moloch, sacrificaron a decenas de niños como parte de una ofrenda. Este acto tuvo una peculiaridad: Se sacrificó no a los hijos de familias pobres sino a niños escogidos de entre las propias familias nobles de la ciudad. Este origen preciado de la víctima nos remite al sacrificio de Isaac: Dios ordenó a Abraham sacrificar a su hijo Isaac. Abraham obedeció a Dios, pero justo cuando Abraham estaba por sacrificar a Isaac, Dios intervino y proveyó un carnero para que muriera en lugar de Isaac (Génesis 22:10-13). La sangre era la expresión por excelencia de la fuerza vital, la cual podía tributársele a Dios en inmensas inmolaciones, tal y como la ordenada el rey sabio Salomón : “Entonces todos los hijos de Israel, viendo descender el fuego y la Gloria de Yahvé sobre la casa, se postraron sobre el pavimento, adoraron y alabaron a Yahvé: “Porque es bueno, porque es eterno su amor”. Luego el rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios a Yahvé. El rey Salomón ofreció en sacrificio 22000 bueyes y 120000 ovejas.”
Pero Yahvé no fue el único dios que recibió sacrificios, estuvieron también Baal, Marduk, Amón, Zeus, Júpiter, Viracocha, Quetzalcoatl y muchos otros más. De entre los mencionados, algunos exigían sacrificios humanos, y no solo de animales como los que pedía Yahvé. Así y por ejemplo, sobre el caso de la América Prehispánica: “El ofrecimiento sacrificial de humanos a un dios ha sido bien establecido sólo en pocas culturas. En lo que hoy es México la creencia de que el sol necesitaba de alimento humano condujo al sacrificio de miles de víctimas anualmente en los rituales del calendario azteca y nahua del maíz. Los incas ofrecían sacrificios masivos a la ascensión de un soberano.” (Enciclopedia Británica, 2007). Pero en situaciones desesperadas incluso la civilizada Roma recurría a sacrificios humanos; tras la hecatombre de Cannas se sacrificaron a Júpiter dos parejas de galos para obtener su favor contra Aníbal.

¿Por qué los dioses querían sangre? O mejor: por qué los humanos de muy diferentes épocas y culturas creían que su derramamiento era efectivo? Seguramente porque consideraban que la sangre era lo más preciado y precioso y que la hecatombe suponía un acto mágico, una especie de pacto con la divinidad para obtener su protección y sus favores. Este carácter sagrado de la sangre se ha utilizado en los llamados pactos de sangre, que han forjado alianzas de por vida y aún más allá si el pacto es con el diablo, pues la ecuación sangre = alma queda aquí bien representada, y el desdichado ha firmado con su propia sangre la venta de lo que ésta simboliza.
La primera plaga

La sangre también se relaciona con las maldiciones. En el libro del Exodo encontramos que la primera plaga de Egipto fue la de la sangre, Dios dio instrucciones a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra”(Exodo 7). Pero la maldición más terrible es la que encontramos en el Evangelio de Mateo cuando Pilatos se enfrenta a la ejecución de Jesús. Los supuestos escrúpulos del pretor romano ante la sentencia de un hombre justo le hacen lavarse las manos y atender la petición popular que pide la muerte de Jesús, y se hace decir a éstos: “Caiga sobre nosotros su sangre y sobre nuestros hijos”. Esta maldición ha caído en efecto sobre el pueblo judío, considerado deicida por los cristianos, descargando de responsabilidad a la autoridad romana, la única que de hecho podía sentenciar a la cruz. Las consecuencias históricas de esta supuesta automaldición son bien conocidas.


Un análisis cabalístico de la sangre

La sangre en hebreo es דם (dam). Las letras que componen la palabra hacen referencia al agua (ם mem) y a la palabra (ד dalet), lo cual sugiere un “agua que habla”, y así es pues el código genético se encuentra en los glóbulos blancos de la sangre, como también en otras células del cuerpo. La misma raíz la encontramos en palabras como tierra (אדמה adamah), el color rojo, tan relacionado con la sangre (אדום adom) y el primer hombre (אדם Adam). Hay también una similitud con mar (ים yam) y es que probablemente la sangre tenga su origen en el plasma marino, pues tanto el agua marina como la sangre comparten cierta estructura y cierto equilibrio interior en relación a sus elementos. El agua de mar es un plasma parecido a la sangre humana, pero es más salino, tiene más cloruro sódico que nuestra sangre.
Pero además de la composición química de la sangre y de su función de comunicación orgánica con todo el cuerpo, tanto para mantener la vida como para ponerla en peligro al transportar agentes patógenos, función ya reconocida en el Talmud: “Yo, la sangre, soy la causa principal de las enfermedades”, la sangre es el vehículo que porta la energía del Nefesh, el alma vital o alma vegetativa y que actúa como interfaz entre lo espiritual y lo físico.
La guematria de la palabra sangre דם es 44 (dalet=4, mem=40) y podemos relacionarla directamente por este valor con el Nombre Divino, יהוה, ya que sumando el valor del nombre de las letras que componen el Tetragrama obtenemos 44:


Iod (יוד) 20
He (הא) 6
Vau (וו) 12
He (הא) 6 

La suma de estos valores es igual a 44. Y si sumamos este valor 44 al valor del Nombre Divino que es 26 obtenemos 70, la guematria de sod (סוד) secreto. Este secreto tiene un aspecto digamos más obvio, como lo es el Brit Milah, literalmente “pacto de la Palabra”, la circuncisión: “Cortarán la carne de tu prepucio y ésa será la señal del pacto entre nosotros” (Génesis 17,13), un pacto que de algún modo es un pacto de sangre. El Zohar (II-41) afirma que la marca de sangre que hicieron los judíos en sus puertas durante la última plaga egipcia era la letra Iod (י) “para enseñar la marca del pacto sagrado”. ¿Estaba esta letra escrita con sangre? Lo más seguro es que sí, y eso recuerda al famoso dicho “la letra con sangre entra”, que es más literal de lo que parece si sabemos que Dios en ladino se decía “Dio”, y Dio (דיו) en hebreo quiere decir tinta. La expresión “sangre y tinta” (ודיו דם) suma también 70, que como hemos visto es el valor de secreto.

Los tres velos de la existencia negativa
Siguiendo con el secreto, vemos como después de la liberación del pueblo judío de su esclavitud en Egipto tras la décima y última plaga (Iod vale 10 por cierto), se encuentra con la tremenda barrera del Mar Rojo. En realidad el nombre de este mar es סוף ים, (Iam Soph, Mar de Juncos), pero es que la palabra סוף significa, además de junco o caña, límite. Y si sustituimos la palabra mar (ים) por אין nada, sin, obtenemos literalmente sin límites, ilimitado, סוף אין, Ain Soph, el Segundo Nivel de Inmanifestación, el Infinito del que emanan las diez sefirot.


Y si obtenemos la diferencia de la guematria de Iam Soph y Ain Soph:
סוף ים  = 196
סוף אין   = 207

207 – 196 = 11  El valor del nombre más oculto de Dios, las dos últimas letras del tetragrama:  יהוהוה vau(6) + He(5)


El Zohar en su Midrash del alfabeto hebreo y la creación, en que cada una de las 22 letras se presenta ante Dios suplicando “¡Crea el mundo a través de mí!”, estas dos letras, Vau y He, son apartadas de la tarea de la creación porque al formar parte del nombre más escondido de Dios no podían dedicarse al servicio mundano. Y aquí un sorprendente descubrimiento de mi maestro, Jaime Villarrubia, que encuentra estas dos letras representadas por su valor numérico en nada más y nada menos que el ARN y el ADN, los ácidos nucléicos que conforman el código genético.

Podemos representar los números 5 y 6 como las letras ו ה  en hebreo o V y VI romanos o en nuestra notación arábiga o bien en cualquier otro alfabeto, pero universalmente el concepto abstracto que suponen estos grafemas puede representarse por una figura geométrica, concretamente un pentágono y un hexágono.
Y esa es la estructura química de las bases que conforman el ARN y ADN. ¿Será esto una casualidad o la huella divina en nuestro programa genético?


Estructura de los ácidos nucléicos