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domingo, 15 de abril de 2012

Evolución e Involución en el Arbol de la Vida


Existen en el devenir del Espíritu dos movimientos que siguen dos direcciones opuestas: el descenso del Espíritu hasta la materia, y el ascenso de la materia hasta el Espíritu, ambos igualmente importantes y ya reconocidos por Platón, quien hablaba de la manifestación del Uno en múltiples Formas, o del movimiento ascendente que conduce a dichas Formas hasta su Fuente, el Absoluto. El movimiento ascendente representa la evolución de la materia hacia el Espíritu, mientras que el descendente sería la involución del Espíritu en la materia.

En el ciclo de Involución se manifiestan sucesivamente los 4 Niveles de Manifestación y se va descendiendo por el Arbol, adquiriendo cualidades cada vez más diferenciadas y densas hasta llegar al mundo físico tal y como lo conocemos. El movimiento de Evolución sería en cambio el retorno a la Fuente a partir de Malkut, ascendiendo por el Arbol. Podríamos decir que involucionar es sumergirse en un plano de manifestación: el Mundo de Assiáh, mientras que evolucionar sería dominar este plano y trascenderlo. La gran metáfora evolutiva de la Cábala es el ascenso del alma por el Arbol de la Vida, contribuyendo al Tikún Olam, el plan espiritual de evolución del mundo.
Para ilustrar esto tenemos dos elementos simbólicos a veces representados en el Arbol:




El Rayo Relampagueante, o Kav que como una espada de fuego recorre en zigzag el Arbol hasta “tomar tierra” en Malkut. Es el “Descenso del Poder” o movimiento de Involución, la manifestación de la Divinidad de lo más sutil a lo más denso hasta llegar al plano material.

La serpiente Najushtan, que hace el movimiento inverso de Evolución recorriendo desde Malkut todos los senderos del Arbol hasta llegar a Kether.  Esta serpiente nos recuerda a la Kundalini  Shakti buscando su unión cósmica con Shiva.
Es interesante reseñar que Najushtan es una palabra derivada de נּחשׁ (najas), cuyo significado es precisamente serpiente. La relación de esta palabra con Satán שׁטן puede comprobarse por las letras que comparten: shim ש y nun נּ


La serpiente es un símbolo dual que podemos representar por la víbora y la cobra: la víbora representa el aspecto ignorante, nuestro primitivo cerebro de reptil, nuestra animalidad. La cobra por el contrario representa ,tal y como los egipcios mostraban en el ureus, nuestro impulso por elevarnos y trascender, por evolucionar. Incluso en la iconografía cristiana existe este aspecto dual de la serpiente en la Anfisbene, la serpiente de dos cabezas, una de las cuales representa al Cristo y otra a Satanás. Curiosamente נּחשׁ (najas) y מּשׁיּח (mesías) comparten el mismo valor numérico: 358, lo cual confirma esa relación. Es muy importante resaltar que, al hallarnos en un mundo de dualidad, todos los objetos tienen dos aspectos, normalmente etiquetados como “bueno” y “malo”. El aspecto de Satán como serpiente que tienta a Eva a comer del Arbol del Conocimiento  no es malo por proponer ese fin, sino por ignorar que antes debe comer del fruto del Arbol de la Vida. Se requiere evolucionar –lo que Najushtan representa- antes de obtener el Conocimiento, que en el Arbol de la Vida se encuentra en la sefirá de Daat, justo en el centro del Abismo. El orden angélico que guarda esta esfera de Daat son precisamente los najashim.

En su descenso, el Rayo Relampagueante entra desde Kether por el sendero correspondiente a la letra שּ Shin, que precisamente significa “fuego” y “espíritu”. En su recorrido en zigzag pasa por todas las sefirot hasta tomar tierra en Malkut, recorriendo determinados senderos que configuran tres Triadas estructurales:

A la derecha vemos dichas Triadas Estructurales, limitadas por las 3 Vigas del Arbol, los senderos horizontales que unen las sefirot externas.

La triada superior es la Triada de las Raíces, y corresponde al “Mundo de la Emanación” (Atzilut).

La triada intermedia  es la Triada de la Etica, y corresponde al “Mundo de la Creación” (Briah)

La triada inferior es la Triada del Temple de Animo, y corresponde al “Mundo de la Formación” (Assiah).

El “Mundo de la Acción” se corresponde con la décima sefirá: Malkut.

Le evolución, el “retorno al Origen”, puede realizarse por dos caminos:

El Camino de la Iniciación, que es el que sigue las espirales de la serpiente Najustán ascendiendo hasta Kether y pasando por todas las sefirot y senderos del Arbol. Este es el camino del ocultista.

El Camino de la Iluminación también llamado Sendero de la Flecha, que asciende por el Pilar Central, desde Malkut hasta Kether, pasando por Yesod, Tiferet y Daat, y los senderos 21, 14 y 2. Este es el camino del místico, y del mismo modo que ascender en línea recta una montaña es mucho más esforzado que hacerlo en zigzag, este camino es directo pero requiere una fe y energía excepcionales, y, sobre todo, un gran equilibrio, tal y como representa el Pilar Central.  En yoga representa la ascensión de Kundalini por el canal central: Sushuma.

En cualquiera de los casos, el ascenso implica atravesar unas barreras que marcan el paso de un nivel de manifestación a otro. Estas barreras impiden el ascenso al individuo que no ha evolucionado hasta el  nivel que marca este límite. Veremos estas barreras más adelante.

viernes, 6 de abril de 2012

Los Niveles de Manifestación


 

En Cábala se habla de 3 niveles de Existencia Negativa: lo Inmanifestado, y 4 niveles de Existencia Positiva: lo Manifestado.

Los 3 niveles o Velos de Existencia Negativa se conocen como Ain אּיּן (Nada), Sof  סּוּףּ (Infinito, Ilimitado), Aur ﭏוּרּ(Luz). Este Ain Sof Aurסּוּףּ ﭏוּרּ  אּיּן o Luz Infinita, que proviene de la Nada,  está más allá de nuestra comprensión, y sólo a partir de la primera emanación de este Inmanifestado, que constituye la esfera de Kether, podemos entrar en una cierta comprensión, más intuitiva que racional, pues la primera sefirá representa la Unidad, el Ser Unico y Existente por sí Mismo, al que comúnmente llamamos Dios, y cuyo nombre en Kether es Ehiéh אּהּיּהּ

La manifestación surge cuando la Luz Infinita del Ein Sof se contrae, a fin de crear un espacio vacío en el que puedan desarrollarse otros mundos. Esta contracción se conoce como Tzimtzum זּוּם זּוּם ,y es el origen del todos los niveles de manifestación. El Tzimtzum marca el paso de la Realidad Ultima, perfecta e infinita, a la realidad limitada e imperfecta de los mundos manifestados, en los que la Luz Infinita se velará en mayor grado a medida que se suceda cada nivel de manifestación. Una impresión de ésta Luz Infinita, llamada Reshimo, permanece como una huella en el espacio de la creación, del mismo modo que la santidad de un hombre justo aún irradia en el lugar en que permaneció. En éste Reshimo se proyectará el Ein Sof a través del Kav, el Rayo Divino o Rayo Relampagueante. El espacio se llenó de Luz Infinita, dando lugar a un primer nivel de existencia conocido como Adán Kadmón u Hombre Primordial, que será la raíz de las diez sefirot.

Las etapas que se suceden son pues cinco:
1. Lo Inmanifestado: Ein Sof
2. El Tzimtzum
3. La formación del Reshimo.
4. La entrada del Kav
5. La generación de Adán Kadmón, alma de las diez sefirot.

Las diez sefirot son los recipientes o vasijas, Kelim, que acogerán la luz del Kav en su manifestación, comenzando desde Kether, la primera sefirá, y terminando en Malkut, la décima y última, agrupándose en distintos niveles o mundos, Olam.


Estos Niveles de Manifestación serían:

Atziluth   Nivel de Emanación
Comprende la Tríada de las Raíces o “Gran Rostro”, formado por las sefirot de Kether, Jokmah y Binah

Briah    Nivel de Creación

Yetzirah   Nivel de formación

Assiyah  Nivel de Acción
Comprende la esfera de Malkuth

Atziluth   es el plano divino o “mundo arquetípico” que da lugar a la manifestación representada por las diez emanaciones o sefirot, cada una de las cuales representa un aspecto divino: Sabiduría (Jokmáh), Inteligencia (Bináh), Misericordia (Jesed), Rigor (Gevuráh), Belleza (Tiferet), Eternidad (Netzaj), Esplendor (Hod), Fundamento (Yesod) y Reino (Malkuth).  Aquí se encuentra reflejado el Hombre Superior y Divino: Adam Kadmon, el Hombre Primordial

Briah   en este plano se ha traspasado el Abismo y por tanto se ha producido la gran separación entre el Sujeto –la Divinidad-, y el Objeto –la creación misma-. Las esferas que lo componen se encuentran a caballo entre el plano mental (Tiferet) y el plano espiritual (Jesed, Gevuráh). Se asocia a este plano a los Arcángeles.

Yetzirah   El nivel de la Formación se encuentra más próximo a la materia, entre el plano mental y el plano astral. Comprende las esferas de Hod, Netzaj y Yesod, mente concreta, emociones y personalidad, aspectos desarrollados, en mayor o menor grado, por todos los seres humanos. Se asocia a este plano los Angeles.

Assiah  El nivel de la Acción es el más denso y corresponde a la materia tal y como la conocemos, siendo en el hombre el cuerpo físico y su doble etérico. Representa el plano físico y su sefirá es Malkuth.

Puede observarse que los colores primarios de la Triada de la Etica (rojo, azul, amarillo) se combinan para formar los secundarios de la Triada del Temple de Animo (verde, naranja, violeta). La esfera de Malkuth representa el último nivel de manifestación: la tierra, y su división en 4 colores nos habla de los 4 elementos que constituyen el mundo material.

Si tenemos en cuenta que en el hombre existen 4 planos: físico, emocional (astral), mental y espiritual, los Niveles de Manifestación contienen estos planos del siguiente modo:

Assiah       Plano físico (naturaleza) y astral
Yetzirah   Plano astral y mental
Briah        Plano mental y espiritual
Atziluth   Plano espiritual y Divinidad (Adán Kadmón)

Como antes vimos en La Escalera de Jacob, cada nivel de 
manifestación tiene su propio Arbol. De arriba abajo estarían representados los Arboles de Atziluth, Briah, Yetzirah y Assiah.

 Cuando el hombre completa todo el Arbol de Assiah y llega a su Kether, que es el Tiferet de Yetzirah, tiene el dominio sobre todos los animales, plantas y otros elementos de la tierra. Pero si no prosigue su evolución se quedará confinado en el mundo de Assiah, donde nacerá y morirá en una existencia cíclica. El alma natural o Nefesh se recicla en un proceso que se conoce con el nombre de Gilgulim o Ruedas de la Transmigración. Solo al realizar todos los potenciales de nefesh surge la posibilidad de acceder al siguiente nivel, para el que se requiere un alma más evolucionada: el alma emocional-mental representada por Ruaj. Literalmente el hombre va afinando el vehículo que le permite ascender. Y la señal no es otra que el deseo de hacerlo, ese impulso que describe magistralmente Ken Wilber en su “Proyecto Atman”. Mientras no surge ese deseo de transcendencia el hombre queda confinado a la realidad del mundo material (realidad viene del latín “res”, cosa, objeto), y al proceso cíclico de muerte y renacimiento llamado Gilgulim o, en el budismo, Samsara.